10 de mayo de 2010

¡Qué largo se me hará no tenerte!

Querido Ángel,

Ya han pasado tres meses desde que falleciste, y en este tiempo mi ha vida ha dado mil vueltas de campana. El mundo no se ha parado, continúa, sin aflojar el ritmo. ¡Han pasado tantas cosas desde entonces! Casi todas malas, por eso espero que desde donde sea que estés, no puedas ver lo que ocurre aquí, en este planeta al que llamamos Tierra.
Me enseñaste muchas cosas: los comics de Mafalda, la música de Corelli, los libros de Susana Tamaro, los bailes de la radio, los chupitos de manzana, los besos a oscuras, las frases de películas... todas estas cosas, que forman parte de mi vida cotidiana, y quiero creer que a través de ellas sigues dentro de mí.

Te echo de menos. Echo de menos tus gestos de amor, como aquella vez que te conté un sueño en el que yo tenía muchas orquillas de colores y al despertar sólo encontré de color negro, y tú, el próximo día que nos vimos, me regalaste decenas de orquillas de colorines:
-Para que tus sueños tengan color. -Me dijste.

Te necesito. Necesito que me recuerdes cómo se vive, que me contagies tu pasión por la vida: el riesgo, el decir lo que se piensa.

Te quiero. Y como todavia te quiero, a pesar de que estés muerto, soy capaz de imaginar lo que dirías en algunas ocasiones. Es como si estuvieses conmigo pero sin estar.

Laura. Tuya, hasta la eternidad.
Esto es lo que pensé cuando me comunicaron tu muerte. Y no te creas, todavía, a veces, siento que no hay vida después de tí. No me gusta pensar así, porque yo sé que ver y oir a un triste, enfada. Pero no lo puedo evitar.


Yo sé que ver y oír a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
a una región esquiva y desolada.

Lo que he sufrido y nada, todo es nada
para lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía
de andar de este cuchillo a aquella espada.

Me callaré, me apartaré si puedo
con mi constante pena instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.

MIGUEL HERNÁNDEZ

6 de mayo de 2010

Una sonrisa

Una sonrisa no cuesta nada

y significa mucho

Enriquece a los que la reciben

sin empobrecer a los que la dan

Dura un instante

pero su recuerdo es eterno

Nadie es tan rico como para poder

vivir sin ella,

nadie es tan pobre como para no

poder regalarla

Gracias a ella se crea un clima

amable y hogareño

Es el signo sensible de la amistad.

Una sonrisa relaja al que está

nervioso y da coraje al

descorazonado.

En resumen, ¡SONRIE!


Vi esta poesía pegada en la pared de la sala de espera del médico. Consiguió sacarme una sonrisa y por eso no he podido resistirme a ponerla aquí, con el deseo de que haga el mismo efecto en vosotros.

4 de mayo de 2010

Tinieblas

Caminas. Te pesa el cuerpo. Miras el reloj. Tienes tiempo de sobra, hasta dentro de diez minutos no pasa el autobús. Sacas los apuntes de química y empiezas a repasar. Sientes náuseas, quizás por el examen, quizás por tu estado convaleciente, y a pesar de ello continúas de pie, pues sabes que si te sientas te vas a quedar dormida. La noche anterior ha sido terrible. Has estado tumbada en la cama diez horas pero apenas has conseguido conciliar el sueño. En ese estado de duermevela podría decirse que has tenido un par de sueños. Sueños oscuros y llenos de tinieblas. Te recorre un escalofrío por la espalda. Mejor no recordar. Concéntrate. Química.


Y de repente te golpea la verdad. Es como una bofetada. Son las once. El examen era a las diez y llevas toda la mañana pensando que era a las doce. Pero no. Sacas la agenda y allí está, apuntado. Las diez. Sientes impotencia. Llevas una semana estudiando. El profesor te ha dado otra oportunidad porque en realidad el examen fue el viernes pasado pero tú no pudiste hacerlo. Te quedas como atontada, sin saber reaccionar. Al final, levantas la vista de la agenda y descubres que el autobús ha llegado. ¿Para qué? Ya no lo necesitas. Ahora puedes volver a... No, mejor te vas a casa. Te aseguras de que tienes las llaves y, mochila al hombro, te diriges a tu hogar.


El viento agita tu pelo azotándote la cara. Se te escapan unas lágrimas. Bajas la cabeza.Te escondes porque te avergüenzas de ti misma. Te gustaría pararte en medio de la acera y gritar tu angustia. Dejar que el aire se llevase ese grito que te corroe las entrañas y te enturbia el alma.


Cuando llegas a casa te das cuenta de que tienes el rostro pálido y demacrado y los ojos hinchados. Tu cara es un fiel reflejo de tus emociones. La pena te está consumiendo. Y de pronto te ahogas. Todo está oscuro. El torbellino en el que tu mente se ha convertido te arrastra hacia las profundidades. Te vas a desmayar en unos segundos. Y, en tu camino a la pérdida del conocimiento, sólo te acompañan las tinieblas.

26 de abril de 2010

El destino

Cuando Sofía, a sus 98 años de edad y a las puertas de la muerte, se dio cuenta de que había llegado su hora, llamó a su nieta Ana para hablar con ella. De todas las personas que Sofía había tenido el gusto (o disgusto) de conocer, a la hora de despedirse de este mundo, había escogido a Ana. No fue una decisión premeditada, simplemente le salió del corazón. Sabía que sería muy fácil que su nieta la comprendiese y captase el mensaje que quería dejar en la Tierra.
Nada más entrar Ana en la habitación, Sofía dijo unas frases. Sus últimas frases, aquí recogidas:
-Ana, mi vida ha sido un fracaso constante, a pesar de todo lo que he teniedo y el supuesto amor que he dado y recibido, no me siento realizada. He vivido fingiendo. No soy como tú crees ni quiero a la gente que tú crees. He engañado. He engañado y me he engañado a mí misma. Esta persona que tienes delante no soy yo, y visto lo visto, no lo seré nunca. He vivido cientos de cosas hermosas y a pesar de ello sigo pensando que el recorrido que he realizado en este mundo ha sido falso y engañoso. Tú pensarás: ¡Qué exagerada, no es para tanto! Y yo te contesto que sí. Sí es para tanto, y para mucho, porque cualquiera puede tener un mal día, ¿pero una mala vida?
Cuando Ana, a sus 98 años de edad y a las puertas de la muerte, se dio cuenta de que había llegado su hora, llamó a toda su familia, a todos sus amigos y a todos sus vecinos. Preparó una estupenda fiesta y recordó las cosas que le gustaba hacer, como contemplar las anaranjadas puestas de sol. Y ante la multitud afirmó que era feliz y que su vida había sido plena a pesar de todo lo malo.
Sus últimas palabras fueron para su abuela Sofia:
-Cuán equivocada estabas... Tú solita tuviste la culpa de tus desgracias. Te marchaste de este mundo con las manos vacías y acompañada por una escéptica nieta. Yo... yo me voy tan llena que no quepo en mí de felicidad.
Sofía fue una persona que amargada y un tanto realista que encontró un pobre consuelo en intentar advertir a su nieta de los peligros de la vida, pero por suerte Ana no captó su mensaje y disfrutó, convirtiéndose en una persona optimista.
Cada uno conforma su destino y elige quién va a ser. Sólo espero no equivocarme en mi elección.

24 de abril de 2010

Solos

Llorar por el vacío causado por un verdadero amigo o por una pequeña traición, no sólo sirve para pasarlo mal, de hecho, es un verdadero guiño apreciado lleno de amistad.
¿Pero, y si el vacío es muy grande? ¿Y si las traiciones se suceden día tras día?
Vivimos como soñamos: solos

21 de abril de 2010

La magia de la atracción

El amor rompe barreras, se puede expresar con tan sólo una mirada, un beso, un abrazo... Y hay muchas formas de amor: amor filiar, amor fraternal, amor pasional, amor paternal, amor duradero, amor fugaz, amor platónico, amor...
Cada uno puede sentirlo de manera diferente. Unas personas notan mariposas en el estómago, otras vuelan entre las nubes, a algunas se les acelera el corazón o sienten vértigo, y unas pocas racionalizan toda emoción.
Pero mi cuestión no es cómo, mi cuestión es para qué. Yo amo para sentirme viva, para encontrar un sentido al sinsentido de la vida. Es decir, el amor es mi razón de existir.
Amo a mi padre. Amo
 a mis abuelos. Amo a mis amigos. Amo a mis hermanos...
Sí, pero por algo cuando nombramos el amor lo relacionamos con la pareja. Y aunque me haya desviado, mi intención al crear este post era la de escribir una historia de amor. o más bien de pasión, que aunque tiene menos poderes curativos que el amor, es menos destructiva que el desamor. El siguiente relato es una historia corriente y moliente; salvo que los protagonistas de esta pasión aún no saben que lo son.
-So, exercice 3, Clara.
Clara. Escuchas mi nombre y te giras. Yo hago como que no me doy cuenta e intento contestar a la profesora. Se me traban las palabras. Siento el reflejo de tus rizos rubios por el rabillo del ojo. Digo palabras inconexas y mi amiga me tiene que susurrar la respuesta del ejercicio. Levanto el mentón y, evitando mirar tu nuca, le digo a la profesora el resultado. Y cuando parece que tengo mis hormonas bajo control, te quitas la sudadera y dejas al descubierto tu espalda durante unos segundos. Eso me trae recuerdos, Y mi cuerpo grita de emoción. Te bajas la camiseta y ahora me fijo en tu musculoso brazo de color bronce. Puedo pasarme así la vida entera: mirando tu brazo. Te das la vuelta, colocas el jersey en el respaldo de la silla y nuestras miradas conectan. Queman. Parece que no hay más mundo que tú. Tú y tus ojos azules. Rompo el contacto visual. Te das la vuelta. Consigo evitar pensar en ti durante 5 minutos. Intento concentrarme en el ejercicio de Inglés. Apenas lo consigo. Al rato estamos mirándonos otra vez. Ahora eres tú el que retira la mirada, no sin antes sonreírme. ¡Bendita sonrisa! Bécquer tenía razón: por una sonrisa, un mundo.
Miro el reloj. Las seis y media. Queda poco. Hablo con mi compañera de mesa. Apunto los deberes en el cuaderno. Te hecho una última mirada. Me pongo la chaqueta y salgo de clase acompañada de mi amiga. Caminamos un rato juntas, nos despedimos y voy sola hasta la estación de tren.
Una vez en el andén cuento las puertas de acceso al tren. Una. Dos. Tres. Cuatro... ¡Nueve! Entro en el vagón, giro a la derecha y... ¡Allí estás! Tienes la mochila en el asiento de al lado. Al verme la retiras y me haces un gesto. Me siento a tu lado.
-¡Hola Clara! Al fin te has dignado a venir a clase. Llevaba 11 días sin verte.
-Ya...
El tren se pone en marcha
-He llegado a pensar que me estabas evitando
-¿Yo? No, es que he estado mala.
-¡Ah! Como no me has mandado ningún mensaje pues pensaba que...
-¿Que no me atrevería a venir?
-Más o menos
-Ya veo, y ahora que estoy aquí, ¿qué piensas?
Te ríes
-No pienso. Estoy aliviado y contento.
-Si me dices eso sin besarme no me lo voy a creer.
Nos besamos. Y nos besamos y nos besamos y... llegamos a nuestra parada. Me coges de la mano
-¿Sabes?
-¿Sí?
-No debería haber venido. Al final me voy a acabar enganchando a ti.
-No puedes reprimir el deseo, Clara. Cada molécula de tu cuerpo se siente irremediablemente atraída por el mío.
-Y tú te aprovechas de ello
Sonríes.
-Un poco. ¿Te consuela si te digo que a mí me pasa lo mismo contigo? Durante las dos horas de clase he estado muriéndome de ganas por ti.
Llegamos a tu portal.
-¿Y te crees que yo no? Tenemos que pararlo. Tienes que dejar de.. de... de mirarme, y de extender el brazo y.. Tienes que parar o algún día me tiraré a tus brazos allí mismo.
Le debe de parecer muy gracioso lo que he dicho, pues se está riendo bastante.
-¡Tú me dirás cómo paro yo eso! Solo encuentro una solución. Volvamos al tren. Elijamos una ciudad al azar y vayámonos de aquí, así no tendremos que volver a clase nunca más. ¿Donde quieres ir? ¿Villaverde? ¿Tres Cantos? ¿Fuenlabrada?
Él se ríe, yo me estremezco. Sólo con que me haya nombrado la ciudad en la que Ángel pasó su último año, se me ponen los pelos de punta.
-Anda, deja de decir tonterías y bésame.
Besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos...
-¿Subes?
-¿Ahora?
-¡Claro! No hay nadie.
-Emm... no, no, tengo que ir a casa.
-Te acompaño.
Besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y besarnos...
-¡Uf! Me tengo que ir a casa
-Sí, un momento.
Besarnos. Y besarnos. Y besarnos. Y...
-¡Mierda! Eres como una droga. Es tarde y tengo que estudiar historia, vámonos.
-Va, va...
Al fin, en la puerta de mi urbanización, me dices la frase temida.
-¿Quedamos mañana?
Te miro sorprendida.
-No me mires así, quiero pasar más tiempo contigo y no se cuánto queda hasta que vuelvas a huir de mí.
- ¡Ays! No fui yo la que llamó cuando llevábamos una semana de... la cosa esta que no se si es rollo o aquí te pillo aquí te mato o... lo que sea, para decirme que lo dejábamos. En serio, a veces me derrito contigo y otras me dan ganas de gritar...
-Clara...
-Mira me subo a casa. Mañana hablamos ¿Vale?
Beso. Nervios. Subir corriendo las escaleras. Tumbarme en la cama y volver a pensar en tu maldita sonrisa. Y saber que ganarás, que al día siguiente volveré a quedar contigo, porque es como si me pusieran un caramelo en el borde de los labios. Imposible resistirse, por mucho examen de historia que haya.

Estoy perdiendo el control de mi cuerpo y con ello el de mis actos. Parezco una adolescente descubriendo los secretos de la pasión. ¡Qué asco!
Y lo más curioso es que ni si quiera confío en ti, o al menos no lo suficiente como para permitirte leer esto.

¿Serás tú, amor, un largo adiós que no se acaba?

15 de abril de 2010

El misterio de los vidrios

-¡Daniel, cómete las lentejas que se te van a quedar frías!
Daniel, un niños de 9 años, coge la cuchara, la llena y se la lleva a la boca.
-¡NO! ¡NO! PARA!
Demasiado tarde: Daniel se ha tragado un trozo de vidrio del tamaño de la cuchara. El cristal en sí estaba camuflado entre las lentejas y aunque toda su familia lo había visto, él no, y por muchos gritos que sus hermanos hayan pegado, Daniel ha terminado con el cristal en la tráquea.
-¡Dios mio! ¡Le está saliendo sangre por la boca!
Daniel se ha desmayado: le llevan corriendo al coche. Urgencias. Hospital. Quirófano. ¡Caos!
Los padres se han marchado con el pequeño, la casa está demasiado silenciosa y los dos hermanos mayores no saben qué hacer. Andan sin rumbo fijo de una habitación a otra. Suena el teléfono, es una amiga que aconseja a la hermana ir al hospital.
-Bien. Ir al hospital. No sé cómo no se me ha ocurrido antes. Vale. Al hospital. Gracias.
Son las dos de la madrugada, la hermana vuelve a casa después de pasar unas horas de infierno en el hospital. Por curiosidad abre la olla de las lentejas: decenas de cristales se encuentran en su interior.
Gracias a Dios todo quedó en un susto y la historia acabó bien, pero a fecha de hoy aún no han descubierto cómo llegaron los vidrios a la olla: misterio sin resolver.

14 de abril de 2010

La promesa

Desde el principio le dejó las cosas bien claras a Lucía. Él no era un hombre de promesas, de ataduras ni de sólidos lazos. Él era un alma libre. Iba a dónde quería y hacía lo que deseaba. Sus únicas obligaciones eran las que él mismo se imponía: Buscando siempre su bienestar, viviendo el momento, soñando. Sin pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante era el aquí y el ahora.
Y así se lo dijo a ella:
-No soy hombre de promesas. No esperes ninguna por mi parte. Yo no me obligo a estas cosas. A mí, o me salen del alma, o no me salen. Mi lema es que si amas a alguien, déjalo libre, si regresa es tuyo, si no, nunca lo fue. Necesito que me dejes volar. Como esa canción que tanto te gusta; "déjame volar aunque tropiece con el cielo".
Yo te aviso, para que luego no te lleves decepciones.
Y a pesar de ello, Lucía le recibió con los brazos abiertos, se entregó por completo a Rodrigo y puso cuerpo y alma en la relación. En el fondo ella pensaba que si se ama de verdad a alguien, hay que agarrarlo con mucha fuerza para que no se escape. Lucía había escuchado las palabras de Rodrigo pero las había arrinconado en su mente; así resultaba más fácil.
Y Rodrigo, Rodrigo... disfrutó de una época preciosa junto a su amada. Tan cegado estaba por el amor y tantas ganas tenía de pasar el resto de la vida con Lucía, que la hizo una promesa. Su primera promesa, pues ni siquiera de niño había empleado esa palabra. Rodrigo prometió a Lucía una poesía. Una poesía muy especial, pues debía estar escrita con el alma; debía ser tan grandiosa que sería imposible que se quedase en el olvido. Sería pura magia, una forma de volcar lo que había en el fondo de él. Rodrigo puso todas su expectativas en unos versos, pues quería que Lucía, cuando los leyese, sintiese ese duende escondido. Así, la poesía se quedó en un ambicioso proyecto.
Lucía, emocionada, pensó que los impulsos de libertad y soledad de él, se habían disuelto. Lucía era una mujer feliz. Sus sueños estaban acaparados por él. Él. Sólo él. Nada más. Soñaba que le tenía, que la quería. Y despertaba, y ahí estaba él, abrazándola. Y entonces ya no quería dormirse, pues la realidad superaba con creces a los sueños.
Rodrigo empezó a darse cuenta de los anhelos de Lucía: una vida en común, un proyecto en futuro. De repente la vida cogía carrerilla y no estaba muy seguro de encontrarse en el camino acertado. De la noche a la mañana volvieron las ansias de soledad. Cualquier escusa era válida para interponer metros cúbicos de aire entre ella y él. El agua, el viento, la arena... todo, todo menos el amor, cobraba una relevancia que antes no había tenido. Y Rodrigo comenzó a buscar motivos para querer a Lucía: y todo se acabó. En el mismo momento en que tuvo que preguntarse por qué quería él a esa mujer, descubrió que ya no sentía la llamada de su piel, ni el amor, ni la complicidad, ni la amistad...
Y todo terminó. Y Lucía murió por dentro. Y renació de sus cenizas cual ave fénix; pues nadie muere por amor.
Y cuando parecía que ella le había olvidado, recibió una carta cuyo único contenido era una poesía. No hace falta decir quién era el remitente.
Rodrigo lo había conseguido, Lucía había sentido un duende al leer la poesía. Pero ese duende no era algo triste ni melancólico. Era más bien una renovación. La prueba de que podía pasar página.
A pesar de ello no dejó que el viento se llevase las palabras de la única promesa que él la hizo.

9 de abril de 2010

Insomnio

-Tendré que acostumbrarme y conformarme a no volver a dormir bien, como con todas las cosas.- Aquí hizo una pausa para mirar el auditorio casi vacío.

-Conformarse. Y así te mueres respirando todos los días. Las mañanas están cargadas de frío y de luz. Todas las cosas que implican las mañanas tienen una connotación negativa. Frío, luz, trabajo, un día más, gente corriente de nuevo, sueño (mezclado con insomnio), mareos, soledad, obligaciones y así podría seguir mucho tiempo, pero espero que hayáis captado la idea.- Hizo una pausa para beber agua y continuó.
-Lo malo del insomnio, entre otras cosas para la salud, es que cada vez las noches se hacen más largas, se expanden hasta que intentar dormirte, y despierto dando vueltas continua la noche (frío, mucho frío) y así sigue el bucle vacío. Y lo que más me jode es que no hay ningún abrazo interesante en todo el tiempo.- Paró, y se miró dentro de si mismo.
-Y entonces echas de menos muchas cosas, y te das cuenta que nada huele igual desde que llegó la mañana eterna, y que el frió (muchísimo, insisto) congela las sensaciones. Y todo se vuelve apatía, dolor de cabeza y gente que te dice buenos días por educación.
El discurso continuó ante la indiferencia de la mayoría de los pocos que se encontraban en el auditorio y un poco de preocupación por parte del resto, sin poder adivinar el significado ni las consecuencias de lo que se decía en ese momento.
La charla siguió hasta que la oscuridad y las estrellas llenaron el cielo, en ese punto se despidió.
- Buenos días, si, buenos días. (hace tantísimo frio...)

La felicidad

"Cuando somos felices no nos damos cuenta, eso también es injusto. Deberíamos vivir la felicidad intensamente y tendríamos que poderla guardar para que en los momentos en que nos haga falta pudiéramos coger un poco, del mismo modo que guardamos cereales en la despensa o recambios de papel higiénico por si se acaba, ¿entiendes?"
Ahora, que estaba a punto de encontrar el equilibrio, que parecía que había dejado de dar bandazos, que sólo tenía que estirar un poco más el brazo para conseguir ser feliz, ahora, vuelven las pesadillas, los temores y las depresiones...
Sé que hay personas que viven el momento, pero yo vivo con un retraso de horas o, incluso, años. Y cuando reconozco esto, la frustración hace que quiera golpearme la cabeza para experimentar alguna cosa y sentirla simultáneamente, al menos una vez en la vida.

7 de abril de 2010

La nada

Hace tiempo que dudo de mí misma. Empecé dudando de las pequeñas cosas de la vida, más tarde de los actos y de los pensamientos, luego llegaron las inseguridades sobre los sentimientos (ahora que las conozco creo que estas son las peores, las que te hacen polvo el corazón y te dejan morir lentamente) y por último empecé a cuestionarme para qué demonios se vive. Y entonces me di cuenta de que dudaba de todas las personas y cosas que me rodeaban, que no encontraba ninguna respuesta porque no la había.
Y es triste, tristísimo, que te des cuenta de ello cuando aun te quedan cientos de batallas por luchar y sabes que perderás todas y cada una de ellas por mucho que te resistas, porque la vida es así. Acabas dudando siempre, lo que implica que nunca ganas. Nunca serás el vencedor porque las dudas están dentro de ti. Y de lo poco que sé es que no se puede huir de uno mismo porque... adivina... No lo lograrás, perderás todo en el intento.
Así es como se llega al punto de partida y de final, al círculo cerrado, a dudar de uno mismo, al vacío, a la nada...

6 de abril de 2010

Buscando el equilibrio

Incluso puedo decir que ahora te encuentro mucho más guapo, que echo de menos todo, que no necesito nada más que volver a sentir lo que perdí hace un tiempo.

Avanzo por esa pequeña barra de equilibro que poco a poco llega a su fin... ¿caeré?

28 de marzo de 2010

Miguel Hernández

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ 

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Tal día como hoy, hace 68 años, murió éste celebérrimo poeta.
In memoriam

26 de marzo de 2010

Nostalgia

Hoy siento nostalgia. Nostalgia de aquél tiempo en que... podía sentirme afortunada por reunir las dos cosas más importantes en la vida. Amistad y amor. Todo ello en una única canción.


Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Estoy empezando a creerlo.
No sé qué me pasa pero últimamente no me reconozco. No sé quién es esta Laura que está escribiendo, no sé quién es la extraña que se levanta cada mañana a las siete para ir al instituto. No me encuentro. Y no me gusta. Si esto, al menos, fuese un cambio para bien, lo aceptaría de buen grado, pero estoy segura de que lo que estoy viviendo es un secuestro de personalidad, una represión de los sueños.

23 de marzo de 2010

¿Sabes?

-¿Sabes? Pensé que deberías saberlo.
-¿Saber qué?
-Que alguna vez fuiste feliz conmigo.
Me dejaste petrificada. Muda de asombro. Y luego, con todos los acontecimientos que se sucedieron, no encontré la ocasión de responderte.
-¿Sabes? Cada vez que pienso en ti y en todo lo que compartimos, se dibuja una sonrisa en mi cara.
Espero que eso te responda.
Nada es del todo blanco ni del todo negro. Creo firmemente en los tonos grises. Es más, creo que la vida, a pesar de ser injusta, siempre nos da algunos regalos. Sólo hace falta saber verlos.

17 de marzo de 2010

Un rayito de sol para mí

Hoy los rayos de sol que inciden en mi cuerpo son como tus abrazos. El calor, tus besos recorriendo mi espalda. La brisa, tus manos jugando con mi cabello.
Y aunque sepa que en diez minutos te voy a ver, la espera no deja de ser emocionante. Mariposas en el estómago. ¡A estas alturas! Quién lo iba a decir... Nervios a flor de piel. Adrenalina. Éxtasis. Calor. Mucho calor.
Eres como un rayito de sol que entra por la ventana y alegra el día a aquel que sólo esperaba encontrar nubes en el horizonte.
Pues eso, que eres mi rayito de sol.

15 de marzo de 2010

El talismán de las palabras

La primera vez que Cecilia se fue de casa nadie le dio mucha importancia. Una mujer que necesita unos días para descansar de su trabajo y de sus obligaciones como madre no llama la atención. O al menos no la llamó en nuestra familia, pues en cierto modo lo agradecimos ya que fue un alivio dejar de escuchar sus constantes gritos. La segunda vez que Cecilia abandonó su hogar, tampoco cundió la alarma en éste. Todos sabíamos que en dos días regresaría. Y así, poco a poco, nos fuimos acostumbrando a sus cada vez más frecuentes escapadas a casa de una hermana o de una amiga. Escapadas que tenían un solo motivo: nosotros. Esposo e hijos. Nosotros y ella, que no sabíamos conectar.
Probablemente nunca la hayamos ayudado mucho. Y ella, que es una mujer proclive al tremendismo y a la exaltación, cayó en una depresión de la que tardó unos meses en salir. Cuando el médico nos advirtió, empezamos a tratarla con cautela. Como si fuese una muñequita de porcelana. Hablábamos con ella en susurros, obedecíamos sus órdenes sin cuestionarlas. Teníamos temor a romperla y, sin embargo, no pudimos mantenerla entre algodones para siempre, pues llegó el momento en el que se recuperó y volvieron los gritos, las peleas y... y las palabras hirientes. Ambas partes nos pusimos la zancadilla. Era una lucha interna por el poder. El control de la situación familiar se había convertido en una guerra, y a ésta se había sumado la pelea que Cecilia mantenía contra sí misma y contra el mundo.
La situación era tan insoportable que esta vez fue el marido quien huyó del hogar. Entonces fue cuando me alarmé. Mi padre, siempre tan metódico, tan amable, tan tranquilo... había sido herido de muerte por mi madre y se marchaba para que sus hijos no presenciásemos la derrota.
Casi podía atisbar el final. Un final no me desagradaba en absoluto. Pero ninguno de los dos fue capaz de dar el paso y el terminó volviendo. La excusa oficial fue la enfermedad de la hija pero... padre e hija sabemos que detrás de este pretexto había algo más. La cuestión es que debido a la hija o a la soledad, el volvió. Y ella se marchó. Ayer mismo. Se llevó el último libro que la presté: "La doctora Cole". Y sé por qué lo hizo. Sé que es su forma de manifestar que, vaya donde vaya, tiene una de mis posesiones más preciadas. Que se lleva un pedacito de mí. Es su manera de decir que no se queda, pero que tampoco termina de marcharse. Que se encuentra en una huida constante.
Si de joven alguna vez la hubiesen dicho que la vida no es como uno la imagina, que la perfección no existe y que en ocasiones hay que ceder. Si la hubieran dicho explicado la importancia de la comunicación oral con los demás. Si hubiesen dirigido su mirada hacia las palabras... quizás nada de esto hubiese sucedido. Quizás ella habría aprendido a vivir con lo que ella misma había elegido. Quizás, y solo quizás, Cecilia habría conocido la felicidad.
No. No quiero convertirme en una persona como mi madre. En una de esas que necesitan vivir por encima de los demás para demostrarse a sí mismas su valía. No quiero aliñar mis días con vinagre. Prefiero el aroma del aceite y las palabras. Siempre. Las palabras. Pero a mi pesar, cada día me parezco más a ella. Día a día voy matando mi alegría y la de los demás. Tengo miedo a hacer daño a los demás. Tengo miedo a enamorarme de un hombre tan ingenuo como mi padre, y romperle el corazón. Me atemoriza la idea de desperdiciar mi vida buscando una quimera. Pero lo que más me espanta es pensar que un día me miraré al espejo y descubriré que soy una mujer sola y triste.

11 de marzo de 2010

Momento

Partiendo del significado de la palabra momento como instante de tiempo y no como la magnitud vectorial que equivale al producto de la masa por la velocidad, me he dado cuenta de que ha llegado el momento.
Momento de:
-Quitarse todas las espinitas que están clavadas en el corazón
-Refugiarse en cálidos abrazos
-Dejar pasar el tiempo
-Restar importancia a los problemas
-Sonreír
-Contemplar la luna
-Amar sin fronteras
-No hacer una montaña de un grano de arena
-Valorar a las personas que tenemos a nuestro lado
-Olvidar a los que nos hicieron daño
-Perdonar, no guardar rencor y pedir perdón
-Agradecer
-Esperar
-Reservar un rinconcito del corazón para cada persona amada.
-Superar los temores
-Ponernos en el lugar del otro y adecuar nuestro ritmo al suyo
-Pensar en todo y en nada
-Llenar los vacíos del corazón
-Recordar aquellos besos...
-Soñar con _____ (espacio reservado para el nombre que elija poner cada uno)
-Cumplir las promesas
-Encontrar el camino
-Recordar que lo que pasó, pasó, y no hay más remedio que vivir con ello
-Aceptar nuestros errores
-Valorar los regalos de la vida
-Desear
-Sentirse bien

No esperemos a mañana. Hoy, ahora, este instante, puede ser el momento adecuado para dejar de sobrevivir y empezar a VIVIR de una vez por todas.

9 de marzo de 2010

El país de la risa

La risa es la expresión de la alegría del alma y por eso su país es tan especial:
- Todos los humanos han habítado alguna vez en él, pues hasta los desdichados ríen
- Vistarlo es uno de esos escaso regalos de la vida que no necesitan razones para ser
- Viajar por él es más hermoso si se hace en compañía
- Es mágico: hace que los ojos brillen, el corazón se acelere y el rostro embellezca.
- Proporciona confianza y seguridad
- El hecho de vivir en él ya es un motivo para ser feliz
Casi todos los días me visita la risa pero creo que me voy mudar para siempre al país de la risa. Así seré yo la que la visite cuando quiera...
Os invito a venir conmigo

4 de marzo de 2010

El país de las lágrimas

El país de las lágrimas es tan enigmático, tan misterioso...
-Nadie te pregunta si quieres entrar en él
-No tiene fronteras
-Su lengua es universal
-Está abierto las 24 horas del día y no cierra por vacaciones
-No necesita razones: Se puede llorar por nada y por todo.
-Se basa en sentimientos y emociones
-Es un país contagioso: a veces, cuando le visitamos no podemos evitar que los demás vengan a acompañarnos.
Es tan misterioso que... hay días en los que cuesta distinguir el llanto de alegría del de la tristeza. Y días en los que no se sabe por qué se llora. O se sabe pero se ignora.
Hacía mucho que no me daba un baño de lágrimas en condiciones pero he descubierto que estos baños no son malignos. Las lágrimas saladas limpian tu interior y tranquilizan el alma, por eso no hay que intentar reprimirlas.
El único problema que le encuentro yo a este asunto de las lágrimas es el de la preocupación que se causa en los demás. La compasión por parte de los observadores y su impotencia al no poder intervenir para bien.
Que no se preocupen. A veces uno necesita llorar para sentirse libre.
Y vosotros... no temáis. Mañana volveré a ser la Laura-Kaede de siempre...
Hoy... hoy tengo un día sensible.

28 de febrero de 2010

Me encantó bailar contigo



Me gustaría que inventases un cielo para mí. ¿Puede ser?
Lo sabes, te echo de menos. Hoy... más de lo normal. No puedo evitar pensar en tus manos, tus bailes, tus frases, tus abrazos... ¿Acaso los recuerdas tú?

—Puede que no sea hoy, ni mañana, pero tengo miedo de que un día empiece a llorar y no pueda parar y se inunde la habitación y nos ahoguemos los dos.
—Aprenderé a nadar.


Nunca, nunca, nunca me habían citado una frase tan hermosa. Nunca, nunca, nunca, había estado abrazada a alguien durante horas. Hasta que llegaste tú, rompiste todos mis esquemas y convertiste lo imposible en posible.

En realidad el propósito de esta misiva es el de decirte, honey, que hay cosas que para ser no necesitan permiso... y el amor es una de ellas. Una pena que hayas tenido que morir para que te dijese esto. Una verdadera lástima que en ningún momento te comentase que me encantó bailar contigo.

Porque en el fondo todo se reduce a un baile. Agradable en ocasiones, turbulento en otras, con tropiezos, caídas, e incluso empujones. Pero también hemos bailado al ritmo del compás, aunque nos haya costado, porque mira que un tres por cuatro... al principio no paras de pisar al otro pero cuando le coges el ritmo no es tan difícil. Como un vals. Sí. Quizás hayamos bailado un vals sin darnos cuenta. Me gusta la idea.

Pues lo dicho Ángel, un placer bailar contigo. Ahora, con tu permiso, intentaré bailar con las demás personas importantes de mi vida, aquellas que también merecen la pena.

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Esta entrada está dedicada a todas aquellas personas que de una forma u otra me han tendido la mano y ayudado en estos momentos difíciles. Gracias a los blogueros con los que he compartido tantos sueños y al resto de mis amigos, que día a día, están conmigo.

Los muertos se van pero los vivos permanecen y si uno continúa luchando es exclusivamente por y para las personas queridas.

21 de febrero de 2010

Eros y Psique

Os dejo con una de las muchas versiones de la leyenda de Eros y Psique:
Psique era la menor de las tres hijas de un rey de Asia. Su hermosura no tenía comparación, pero por contra, su carácter era profundamente insufrible. Había sido malcriada y ya nada podía formalizarla, incluso sus gustos eran tremendamente volubles. Pero un hermoso joven, amable e inteligente que en realidad era el propio dios Eros, se enamoró profundamente de ella y urdió un plan para conquistarla. Descubrió que lo de que verdad atraía a Psique era la curiosidad, un estado que en ella se convirtió en pasión. Por eso, Eros cubrió todos su actos de un gran misterio.
Eros se apoderó de un hermoso bosque, en el que hizo construir un enorme y suntuoso palacio en el que introdujo todo aquello que pudiese ser placentero para la vista, que deleitase el oído o que halagase el olfato. Hasta allí fue atraída Psique y escuchó una voz que le dijo: "tú eres la señora de este palacio, ordena lo que quisieres y serás inmediatamente obedecida". La joven doncella no lo dudó un momento y empezó a solicitar diferentes presentes quedando enormemente impresionada de los bellos muebles y telas que se le acercaban, los empalagosos perfumes que la rodeaban, las frutas de exquisito sabor que degustaba y, sobre todo, los múltiples criados que se le acercaban para servirle. La curiosa Psique quiso saber a quien debía tantos favores y preguntó a sus hermanas, criadas, amigas y conocidas pero de ninguna obtuvo respuesta.
De día, Eros permanecía oculto y por la noche corría entre la hierba, se acercaba a Psique, la observaba y le pedía que le prometiera que no se casaría con nadie más. Cuando la Aurora, despuntaba en el horizonte, Eros desaparecía como había venido, dejando en profundo tormento a Psique que no hacía más que preguntar por su benefactor. Las hermanas de Psique, mientras, carcomidas por la envidia que les producía tantos halagos y regalos por parte del misterioso príncipe, se regodeaban en su desesperación y la hacían sospechar contra él diciendo que podría tratarse de un monstruo o vampiro que la mataría cuando tomara confianza. Sus hermanas le facilitaron una lámpara y un puñal para que intentase descubrir a su amante y lo matase si sus sospechas fuesen fundadas.
Esa noche, cuando Eros estaba recostado en su diván descansando, Psique se le acercó ansiosa intentado buscar el rostro de su bienhechor, cuando se acercó a él y lo vio exclamó excitada "¡Dioses inmortales! ¡qué veo! ¿es éste el monstruo que tanto temía yo y que mis hermanas me habían pintado con tan vivos colores? Es el mismo Eros, en la flor de su adolescencia. ¡Oh, felicidad infinita! Es él quien me pretende por esposa". En su regocijo Psique derramó cera de la lámpara en el rostro de Eros quien se despertó y la contempló sobresaltado diciendo "Ingrata Psique. Ahora me conoces ya. Tu felicidad dependía de tu ignorancia. Yo no puedo ser tuyo". En ese momento todo el palacio desapareció y Psique quedó abandonada. Lejos de Eros, Psique se marchitaba. Su devoradora pasión, ahora sin objeto, la impulsaba a querer destruirse. Loca de desesperación, se arrojó al mar con la intención de ahogarse. Pero las olas la devolvieron suavemente a la orilla. Saltó entonces de la torre más alta para destrozar su cuerpo contra las rocas. Pero el viento la envolvió y amortiguo su caída. Entonces, viendo que ni siquiera la muerte la quería, se puso a gritar. Sus gritos rodaron hasta las montañas vecinas, donde el eco los repitió hasta el infinito.
Finalmente Psique acudió al oráculo de Afrodita, madre de Eros, pero ésta, que estaba enormemente disgustada porque había sido capaz de enamorar a Eros y celosa de su belleza, lejos de ayudarla la confinó a horribles trabajos a los que Psique se dedicó rauda, pues pensaba que así podría pagar su culpa. Primero tuvo que llenar un cántaro de agua cenagosa de una fuente guardada por cuatro dragones y después tuvo que cortar un poco de lana de unos violentos carneros de lo alto de una larga cima. En su tercera encomienda, Afrodita encargó a Psique que fuera al inframundo a pedirle a Perséfone un poco de su belleza en una caja pero le indicó que no podía abrirla pues no merecía más atractivos. Psique consiguió lo que se le encargó, pero cuando, muerta de curiosidad, abrió la caja, su cara se llenó de una negra ceniza y un espejo le mostró su horrendo rostro. Psique cayó desmayada y fue llevada al altar de Afrodita, desde donde le dirigió una plegaria. Estando en este trance, se le apareció Eros , y la enormemente sorprendida y exhausta Psique no pudo más que implorar perdón. Eros, enorgullecido por tanta muestra de sumisión le quitó su máscara y la desposó, no habiendo nunca unión más perfecta ni más feliz. Para mayor regocijo, Zeus la convirtió luego en inmortal.
Hay múltiples versiones de esta leyenda pero en todos los casos el mito nos dice que el amor no debe ser analizado; es siempre y simplemente amor, y no atiende a razones.
Para ti, Alejandra, con el deseo de que vivas una historia tan apasionada como la de Eros y Psique y con la certeza de que ésta será menos turbulenta.
Pronto. Muy pronto. Cuando menos te lo esperes, mirarás a los ojos de alguien y te darás cuenta de que has encontrado a tu Eros.
Y para todos los que, de alguna forma, seguimos soñando con oír una voz que nos llame diciendo "Soy yo"
Porque el corazón no se cansa y sigue, día tras día, esperando que vengan a buscarlo.

17 de febrero de 2010

El carácter de Corelli

Se cuenta que, en una ocasión, mientras se hallaba tocando el violín en un concierto ante una concurrida multitud, Corelli advirtió que todo el mundo se ponía a hablar; interrumpió suavemente su interpretación, dejó el violín en medio del salón, y se levantó para marcharse, diciendo que temía interrumpir la conversación.


Ya me gustaría tener a mí el carácter de Corelli y decir lo que me gustaría decir en las ocasiones en las que lo debería decir.

31 de enero de 2010

Día escolar de la no violencia y paz (DENIP)

Ayer fue el Día Escolar de la no violencia y la paz.
Cada año, desde 1964, el día 30 de enero se celebra el Día Escolar de la No violencia y la Paz (DENIP) en conmemoración del día de la muerte de Mahatma Gandhi, el hombre que con su lucha pacífica y sus acciones de no-violencia, consiguió que la independencia de la India, su país natal, se hiciera realidad. También se conmemora la muerte de otro pacifista, Martin Luther King, que fue asesinado al igual que Gandhi y del que aprendió que la resistencia pacífica era el arma más potente en manos de los oprimidos que luchaban por su libertad.
El DENIP fue creado por el maestro mallorquín Llorenç Vidal, persona muy comprometida con la convivencia en las aulas que actualmente es inspector de educación en la provincia de Cádiz quien, como seguidor de Gandhi y autor de diversos libros y artículos sobre educación para la Paz, lanzó la idea y creó unos materiales didácticos que sirvieran de pauta para trabajar en los centros educativos este tema. "Se creó como una iniciativa no estatal, ni gubernamental, totalmente independiente, libre y voluntaria de educación no violenta y pacificadora", según palabras de su fundador.
El mensaje del DENIP es bien sencillo:
El amor universal es mejor que el egoísmo.
- La no-violencia es mejor que la violencia.
- La paz es mejor que la guerra.
"Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Éste es el verdadero significado de la paz."

Pero si desde niños nos vemos abocados a una vida llena de dolor, odio y violencia, la paz interior será prácticamente inalcanzable.
Y sin paz interior. ¿Cómo se va a lograr la paz en el mundo?


29 de enero de 2010

Conversación en el tren

No soy una persona dada a escuchar conversaciones ajenas en lugares públicos pero el diálogo que presencié ayer en el tren es digno de mención.
Dos treintañeros son los protagonistas de tan lamentable historia. Algunos de vosotros los consideraréis jóvenes y otros pensaréis que ya están "creciditos" pero yo me limitaré a describirlos como seres inmaduros.
El caso es que estos dos personajillos dieron un "espléndido" espectáculo a todos los pasajeros del vagón que, por vergüenza, no nos tapamos los oídos ante el ruido que generaron al hablar (o más bien gritar).
El de la camisa blanca, después de repetirle siete veces a la persona que está al otro lado del auricular "Te quiero, te quiero, despega el teléfono móvil de su oreja y lo cierra.
El amigo (de jersey a rayas) le pregunta:
- ¿Qué? ¿Otra vez la puta zorra esa? ¿Cuando coño la vas a dejar?
-Si. Era ella. Pues dentro de poco, pero todavía no, cuando me pague la casa.
-¡Claro! Dila que si tu pones el terreno ella tiene que pagar la casa.
- Si si. Si eso es lo que va a hacer. No he tenido que convencerla. La muy tonta se ha ofrecido ella sola. Es que hay que ser tonta.
- Pues tú ten cuidado a ver si esta va a querer algo en serio.
-¡Y una mierda! ¡Pero si ni siquiera es tan buena en la cama!
-¿Qué dices? ¡Si está buenísima!
-Que eso no tiene nada que ver. Yo me acosté una vez con una gorda y fue cojonudo.
-Bueno, bueno...
Al término de la conversación mis ojos estaban a punto de salirse de sus órbitas. Todavía me encontraba mirándoles cuando ellos se percataron de que tenían público y, después de echarme una mirada de arriba a abajo, el de la camisa blanca me silbó y el amigo me preguntó:
-¿Qué? ¿Tú también quieres?
Hubiese sido el momento idóneo para pedirles el número de teléfono de la pobre chica que iba a pagar la casa a ese cretino y avisarla de la "joya" que tenía.
Sin embargo, bajé la vista y me hice la tonta. Lo primero porque no tenía intención de inmiscuirme en vidas ajenas y lo segundo, porque no me apetecía que se riesen de mí. Aun así, ganas de hacerlo no me faltaron. En absoluto.
El chico de la camisa sacó la PSP y se puso a jugar. El que iba a rayas abrió el ADN por la sección de deportes y comenzó a leerlo. Y yo, con una sensación tan abominable en el cuerpo que hasta tenía ganas de vomitar.
Menos mal que solo quedaban cinco minutos de trayecto y que afortunadamente conozco hombres buenos y sinceros que me demuestran que la humanidad no está perdida del todo.
*He intentado mantenerme fiel a los hechos acontecidos pero las palabras que he puesto en boca de los dos hombrecillos, por motivos de educación, son menos fuertes que las palabras con las que ellos "deleitaron" mi oído.
Eso sí, el mensaje es el mismo.

24 de enero de 2010

Unos ojos diferentes

Miro unos ojos diferentes y descubro que están abiertos para mí, y lo que es más, que me gusta ese tono que simula el del océano y me hace sentir viva.
La incertidumbre de lo nuevo, las emociones que están por llegar, el hecho de querer sumergirme en esos ojos y descubrir que puedo mirarlos sin quemarme, me hace concebir la (ligera) idea de que la fuerza humana por sobrevivir acaba ganando al dolor del corazón. La ilusión de que haya otra vez con una experiencia que no haga tanto daño al alma, me llena de expectativas. Abandonar la nada a la que estuve anclada durante tanto tiempo.
He mirado los ojos de la esperanza y lo que he visto en su interior me ha gustado. Y mucho.

21 de enero de 2010

El cajón del olvido

"Cuando uno no se entiende a sí mismo es imposible que entienda que otros le amen, y es imposible por tanto que respete a aquellos que le quieren".
Hace tiempo leí esta frase, la escribí y la guardé en un cajón. En el cajón del olvido. El de las cosas que se ignoran a propósito para evitar que su verdad nos golpee.
Pero hoy he decidido abrir ese cajón escondido. Y al hacerlo he sentido cómo los vientos pasados me envolvían dándome la bienvenida.
Así, con ese aire que me animaba a seguir, he ido sacando poco a poco todos los males del cajón. Y uno a uno me he ido enfrentando a ellos.
  • Lo primero ha sido encarar la culpa. Un sentimiento que no ayuda en nada. Lo que realmente cuenta es la acción. La decisión de cambiar la situación. Ninguno de mis lastres puede ser ni será el centro de mi vida, y por lo tanto el de nadie más.
  • Lo segundo a sido el perdón a mi propia persona. El entendimiento de mi corazón y mi mente, que por fin se han reconciliado a través del alma. Y así, reinventada y con los retazos de mi vida en armonía, he llegado al punto más espinoso.
  • El daño que he generado en los demás durante mis meses de olvido. La única excusa que tengo es mi propio dolor, que me ha cerrado los ojos ante el de los demás. Pero es una excusas pobre y barata por lo que sólo me resta pedir perdón por mis errores a todos los que me han sufrido y hablar con los más afectados. Entono el "Mea Culpa". No se puede desatender a los seres amados bajo ninguna circunstancia. Espero que aun no sea tarde para renacer de las cenizas y engendrar un nuevo yo. Un yo con las virtudes del pasado pero con la lección de los defectos aprendida.
  • Por último, he tomado una decisión. He elegido mi vida: instituto y amigos. Lejos de la depresión de casa y de la soledad. "En el término medio está la virtud" (dijo Aristóteles). Pues una vida lo más normal posible junto con un tratamiento es mi elección. Eso sí, me tomaré las cosas con calma. Hasta donde pueda llegar. Evitando el estrés y la frustración.
Cuando he cerrado el cajón del olvido, este estaba vacío. Limpio de impurezas. Preparado para convertirse en el cajón del recuerdo. Y al fin, después de rebautizar a mi cajón, he podido respirar tranquila. Libre de esa bola gris de tristeza que antes me oprimía la garganta. Libre. Al fin.
Ya no soy el seísmo del dolor . Ahora soy Kaede: la chiquilla de los claros de luna. La que si quiere, puede. La que ha conocido la felicidad y sabe que es una meta factible porque por muy nublado que esté, siempre acaba saliendo el sol.
Soy Kaede la que tiene toda la vida por delante.
Kaede la que ya no se guarda rencor a sí misma.
Kaede, que en realidad se llama Laura.
Y Laura, que os saluda.
"Cuando uno no se entiende a sí mismo es imposible que entienda que otros le amen, y es imposible por tanto que respete a aquellos que le quieren. Pero el tiempo nos ofrece sólo dos opciones: o asumir lo que somos, o abandonar; y si no abandonamos, si decidimos quedarnos en este planeta minúsculo y pactar con nuestra aún más minúscula vida, podemos interpretar esta resignación como una derrota, o como un triunfo."

Beatriz y los cuerpos celestes. Lucía Etxebarría.

18 de enero de 2010

Me gusta:

Me gustan las plantas, las de flores y frutos, las de jardín y las de interior.
Me gustan las cerezas.
Me gustan las nueces (me recuerdan al abuelo)
Me gustan las patatas de la huerta
Me gusta la música; la nueva y la vieja; la de escuchar y la de bailar; la romántica y la melancólica.
Me gustan Bob Dylan y Bryan Adams pero también La Fuga y Marea.
Me gustan las orquestas y los solistas instrumentales
Me gusta leer, releer y releer; y escribir
Me gusta caminar, dormir
Me gusta disfrutar de la compañía
Me gustan mis amigos
Me gusta viajar en barco
Me gusta viajar a secas
Me gustan mis hermanos
Me gusta pasar tiempo con mis abuelos
Me gusta salir de fiesta
Me gusta bailar en casa
Me gusta echar de menos a la gente que sé que pronto volveré a ver
Me gustan los reencuentros
Me gusta la hoja (o archivo de word) cuando está en blanco y sé que voy a escribir en ella.
Me gustan los animales, los domésticos y los salvajes, pero especialmente me gustan los gatos.
Me gusta mi ordenador para comunicarme con mis amigos y con vosotros
Me gusta quedarme dormida mientras escucho la lluvia golpear los cristales
Me gusta ir de la mano de la persona que amo
Me gusta amar
Me gusta que me amen
Me gusta llorar sin razón
Me gustan las reconciliaciones
Me gusta mi nombre.
Me gusta mi nick porque lo elegí yo.
Me gustan los llantos sin razón, solo para desahogarme.
Me gustan los llantos con razón
Me gusta la soledad buscada.
Me gusta el licor de manzana
Me gusta perderme en algunos momentos.
Me gusta escapar de las situaciones difíciles.
Me gusta reír en los momentos más inesperados.
Me gusta recibir mails bonitos.
Me gusta escribir un diario (aunque no lo haga desde hace mucho) y leerlo años después.
Me gusta que jueguen con mi pelo
Me gusta ver una película buena
Me gusta escuchar atentamente la letra a las canciones y sentirme identificada
Me gusta que mi novio (cuando lo tengo) me bese el cuello
Me gusta caminar sin rumbo
Me gusta jugar a las cartas
Me gusta reírme por todo y por nada
Me gusta acordarme de todo
Me gusta tener 17 años
Me gusta la luz del sol que se refleja en tu pelo
Me gusta hablar sin parar
Me gusta levantarme tarde aunque casi nunca lo haga.
Me gusta hablar por teléfono
Me gusta hacer locuras
Me gusta ver álbumes de fotos
Me gusta dibujar figuras amorfas
Me gusta acostarme tarde
Me gusta soñar con mi futuro. Y su incertidumbre.
Me gusta hacer fotos.
Me gusta estar tumbada sobre la hierba, sentir los rayos del sol en mi cara, respirar el aire fresco y escuchar…
Me gusta comer pipas peladas porque me traen recuerdos de la infancia
Me gusta ir al retiro
Me gusta leer en invierno con una manta, y en verano en la piscina.
Me gusta correr
Me gusta sentir las teclas de la flauta travesera, tocar, y.., encontrar la belleza en la música que produzco
Me gusta que me miren a los ojos cuando hablo, hace que me sienta escuchada.
Me gustan los abrazos cálidos, las caricias y las miradas que reflejan qué sentimos y quiénes somos.
Me gusta escribir cosas que me gustan, me hace sonreír.
Me gusta jugar al baloncesto
Me gusta pensar en su justa medida
Me gusta viajar a la luna con la mente
Me gusta la luna
Me gusta la astronomía
Me gusta pasear descalza por la playa.
Me gustan las tardes lluviosas de domingo.
Me gusta el olor a pan por las mañanas cuando voy a la parada del autobús
Me gusta hablar sobre todo y sobre nada.
PD. Es reconfortante saber que hay muchas cosas, aunque sean nimiedades, que le gustan a uno. Os invito a hacer vuestra lista, aunque sea una pequeñita, solo para recordar las cosas buenas que tenemos.
Un abrazo.