28 de septiembre de 2009

Donde habite el olvido


Hoy ha sido un buen día. Hace nada creía que creía que mi alma se moriría de dolor, pero llegó un momento en el que el dolor se convirtió en angustia, luego en nostalgia, y hoy en una especie de tristeza... Pero no una de esas tristezas que te dejan el cuerpo destrozado. No, una más sutil, menos violenta. Seguramente sea tristeza por el paso del tiempo, por las cosas que han pasado y no volverán. Me gusta este sentimiento, es mejor que todas las emociones que he vivido últimamente. Más normal y fácil de combatir. En definitiva, algo soportable. Algo que sé que lograré soportar.

26 de septiembre de 2009

Huir de la realidad



Ayer fue una tarde extraña. Me hizo darme cuenta de que realmente no estoy viviendo. Como mucho sobrevivo. La verdad es que no me lo planteo demasiado. Hago lo que se supone que tengo que hacer (tareas del hogar, estudios, actividades…) y punto. Pero ha llegado un momento en el que hasta entablo conversaciones mecánicamente, me intereso por los que me rodean porque sé que es lo que debo hacer. Y sin embargo no siento nada de todo eso. Definitivamente, lo que yo hago no es vivir, es encerrarme en mi propio mundo y actuar como se supone que debo hacerlo es huir de la cruda realidad.
Huyo de mí misma y de mis emociones. M e permito pensar sobre mis sentimientos muy pocas veces y durante pequeños ratos, intentando siempre que haya gente alrededor para no llegar nunca a un punto extenuante de dolor.
Así he aprendido a sobrevivir de manera inerte y eso me entristece mucho.
También sé que huyo de los recuerdos relacionados con él, de todos los momentos que pasamos juntos. Esta huida es la más difícil de sobrellevar puesto que cuando te prohíbes recordar pero a la vez estás aterrorizada por el olvido no hay forma humana de aguantar. Él siempre está presente: a veces en lo más recóndito de mi ser y otras en la superficie, pero siempre, el 100% de mi tiempo. Y como evito el pasado y el futuro, solo me queda el presente, que está impregnado justamente de los otros dos tiempos que quiero abandonar. Por eso me encantaría crear un instante alternativo en el que pudiese vivir por mí misma.
No tengo memoria de nada bueno ni agradable que me haya pasado. Todo esto ha borrado mi tiempo anterior de tal manera que lo único que me viene a la mente son desgracias. Curioso cómo en unos días se puede perder todo lo que eras y cómo la soledad te abre los ojos diciéndote que no te queda nada. Absolutamente nada.

DOWNTOWN- PETULA CLARK

23 de septiembre de 2009

Los olvidados


Esta es la historia de una señora a la que (por qué no) llamaremos María.
Cuando la conocí ella sufría de dolores en un tobillo y una muñeca, pero lo más significativo era que padecía depresión. Hacía dos años que se había muerto su marido y sus hijos hijos se acababan de independizar. De repente se encontraba sola cuidando a una madre a la que (para colmo de males) la habían detectado cáncer de pecho recientemente.

Esta mujer se puso a trabajar con 61 años cuando nunca antes lo había hecho. Limpió casas y oficinas. Consiguió llegar a fin de mes gracias a estos ingresos y a la pensión de viudedad que le correspondía. Cuidó de su madre y por fortuna esta última logró superar su batalla contra el cáncer. Ella, a una edad cercana a la de jubilarse, había conseguido salir adelante.

Pero la vida es caprichosa e impredecible y el destino quiso que María se cayese por las escaleras y sufriera graves daños físicos (de ahí que tuviese que ir a rehabilitación). Por supuesto, tuvo que dejar su trabajo y en parte por ello se sumió en una gran depresión.

Cuando yo la conocí en mayo, ella llevaba más de dos meses sin salir de casa más que para ir al médico. Durante los quince días que duró el tratamiento de rehabilitación que teníamos varias chicas a la vez, creamos un pequeño grupo que se entendía a la perfección. Yo era la más joven pero no por ello participé menos en las conversaciones. Había mucha gente que quería saber mi opinión y eso me alagó mucho. Entre todas creamos una especie de clases de terapia mientras realizábamos nuestros ejercicios físicos. Llegamos a estar verdaderamente unidas y en especial intentamos ayudar a María: muchos días la llevábamos información sobre distintas actividades gratuitas que programaba el ayuntamiento o recogíamos para ella datos sobre cosas interesantes que ver en nuestra localidad. Cualquier cosa con tal de que esa mujer hiciese una vida propia y pensase en sí misma.

La acompañé a casa la mayoría de los días y hablé con ella por el camino. Fue una persona que me enseñó mucho. A cambio yo intenté que alegrase un poco el alma. Creo que lo conseguimos. Por lo menos cuando nos despedimos yo noté una mejoría desde el primer día que la había visto.

No sé qué habrá sido de María. Me da miedo que se haya vuelto a encerrar en casa. Ojalá haya logrado salir de sí misma, me encantaría poder darla ánimos, y la deseo todo lo mejor en la vida, porque se lo merece. Y es que ella esuna más de todos esos olvidados, de esa gente que se siente sola y de la que no somos conscientes, pero a los que con un pequeño gesto de cariño y comprensión por nuestra parte, podemos/podríamos sacar una sonrisa.

Qué mejor que intentar sacar una sonrisa a los olvidados; tantos y taaan olvidados...

20 de septiembre de 2009

Estrellas. Ojos. Atrás. Rubí.



Hace casi un año, en una hora en la que faltó mi profesora de física y química, comencé una especie de “juego” con mi compañera de mesa. Cada una le decía cuatro palabras cualesquiera a la otra y con ellas debíamos escribir una pequeña historia. Fue entonces cuando descubrí la tremenda capacidad inventiva de Ana y cuando me di cuenta de que lo mío en el mundo de las letras era tan sólo un pasatiempo.
Este es uno de los primeros relatos que escribí, si no el primero...
Palabras: estrella, ojos, atrás y rubí.

Todavía no había descubierto el sentido de la vida cuando recibió la visita fatal.
La nostalgia llegó a él para quedarse. Su vida cambió radicalmente. Ahora él era vasallo del tiempo, sus ojos no hacían más que mirar atrás, hacia un pasado para siempre perdido. Olvidó sus perspectivas de futuro y debido a eso, la estrella que llevaba dentro le abandonó. En lo más hondo de su alma se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, sin embargo no pudo hacer nada para evitarlo.

Anoche creyó ver un rubí en el cielo. Lo primero que le llamaba la atención desde hacía meses. Seguramente solo fue un efecto visual ¡Pero que bonito sería creer que una piedra preciosa ha logrado alcanzar la bóveda celeste!

17 de septiembre de 2009

Los viajes de la vida


Es increíble cómo alguien puede llegar directo a tu corazón. Y si se alimenta ese amor, esa persona se convierte en una parte de ti. Bien, pues una parte de mí se separó de mi cuerpo y mi mente por circunstancias ajenas a nosotros hace aproximadamente un mes y medio.

Ni decir tiene que no lo he superado. Ni siquiera me he planteado olvidarle. Aún nos necesitamos mutuamente y dudo mucho que dejemos de hacerlo. Pero a lo que iba. La vida (o más bien mi madre) me apartó de él y ahora tengo que arreglármelas para sobrevivir día a día.

Voy buscando pedacitos de mi misma por todos los rincones, imaginando algo que me ayude a sobrellevar esto. A veces hay escasos momentos en los que parece que esto no es más que un mero trámite que hay que sufrir, es entonces cuando me engaño a mi misma y creo que hay una salida, pero entonces llegan los momentos de angustia, de desolación, de pérdida... Y no me encuentro a mí misma. Por mucho que busco y busco y busco... NADA... que no hay nada ahí. Sólo soy capaz de encontrar mi vacío interior. Y el problema es que ya no me veo capaz de seguir con esta farsa. Intentar fingir ante los demás es cada día más difícil, y eso que siempre he sido el tipo de chica que se guarda los problemas para llorarlos solita en casa. Sin embargo, ahora... en cualquier momento se me saltan las lágrimas, me olvido de las cosas, no duermo más de cuatro horas al día... ¡Ah! Difícil, difícil... Yo... que creía que no era de amores, que pensaba que estaba a salvo... pues mira qué ironía... Es así cómo la vida te lleva a su antojo y te vapulea hasta dejarte casi sin fuerzas. Pero todo lo bueno y lo bonito que me ha dado tampoco lo puedo olvidar. De ahí el título del post, los viajes de la vida. Porque cuando menos te lo esperas estás en la cima y cuando estás tan tranquilo... caes al pozo.

Pero confío en que ahora llegue el momento de la cima. Mientras tanto escucho música:
When you say nothing at all