11 de junio de 2015

Nostalgia que fue felicidad

Para quien no lo sepa, Facebook  tiene ahora una nueva opción consistente en "memories to look back on today", rememorando eventos, imágenes, comentarios... de años pasados. No es extraño que esta revisión de recuerdos nos provoque nostalgia.
El otro día, casualmente, estuve hablando sobre la nostalgia con una persona que acababa de conocer pero que parecía conocerme de toda la vida, y compartió conmigo una frase de Tamaro que yo ya había olvidado: "No comprende que, para ponerse en camino, es necesario tener nostalgia de algo."
La nostalgia indica que hemos vivido y disfrutado, significa que hay algo que se echa de menos porque una vez hubo algo lo suficientemente bueno como para ocupar un espacio.
Tal y como el gran Sabina canta: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió". Esa es la única nostalgia que hay que evitar, la de lo no vivido. La otra, la de lo vivido, ha de perdurar, pues procede de los momentos felices.
Habrá quien no lo entienda, pero yo quiero (e intento) vivir cada instante de tal manera que su recuerdo me produzca nostalgia.

2 de junio de 2015

Infancia bajo presión

No sé qué clase de sociedad y educación estamos construyendo para que una niña de 8 añitos lo pase mal agobiada y estresada por la cantidad de exámenes que tiene la semana que viene (6 exámenes de los cuales la mitad son en su segunda lengua, es decir, Inglés). Está preocupada por sacar muy buenas notas en todas las asiganturas y la presión ha podido con ella. El problema es que no debería estar sometida a esa presión.
Estoy segura de que conseguirá esas notas (meros números, al fin y al cabo) estupendas que se esperan de ella, pero no es ese el tema. El tema es que estamos creando una sociedad en la que muchos niños viven en una atmósfera asfixiante llena de exigencias donde la motivación intrínseca escasea y la extrínseca es errónea.

10 de febrero de 2015

Cinco años o cincuenta

Cinco años. Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Ángel.
Sé que los aniversarios no significan nada. Pero son cinco años sin él y me cuesta hacerme a la idea de que ha pasado tanto tiempo y seguirá pasándolo. Esto es para siempre. Ángel no va a volver.
Nunca he sabido lidiar con la ausencia. Cuando alguien a quien quieres y que forma parte de tu vida, se marcha de improvisto, deja un hueco muy grande.
El tiempo ayuda a distanciarse del dolor. Pero el vacío siempre queda ahí. No sólo pierdes a tu persona, también pierdes todas las partes de ti que la entregaste, y todos los momentos que no podréis vivir juntos.
Nadie es imprescindible, pero nadie es reemplazable. La ausencia permanecerá inmutable ya pasen 5 años o 50.
No queda otra que aprender a convivir con esa sensación de vacío que producen las pérdidas.

21 de enero de 2015

Baile libertario

Ha sido esta tarde. Creo que eran las ocho, pero quizás eran las siete. En realidad podría haber sucedido a cualquier hora de cualquier día. El tiempo es tan relativo y, hasta cierto punto, irrelevante…

Tenía los codos apoyados sobre el escritorio y las manos sujetando mi cabeza mientras mi mirada se dirigía a los apuntes extendidos por toda la habitación. Se escuchaba, de fondo, una lista de canciones reproducidas desde el ordenador. Mi mente, agotada y abotargada tras un día de pensamientos estériles, divagaba a sus anchas. La ventana, abierta, permitía que entrase un viento invernal que mi cabeza acogía con sumo gusto, aliviada por la analgesia que produce el frio.

Estaba, pues, absorta en mis desvaríos, cuando de pronto ha sonado una canción notablemente diferente al resto. Las anteriores eran tranquilas, tirando a melancólicas, mientras que la melodía de esta canción desprendía alegría y vitalidad. Mi cuerpo se ha levantado de la silla y, como si se tratase de un reflejo natural, ha empezado a moverse al son de la música. Primero suavemente: los hombros y brazos balanceándose, las caderas rotando interna y externamente, los tobillos preparados para saltar. Y a continuación, ese impulso, esa llamada de lo salvaje que surge cuando el ritmo musical aumenta y ya no hay cielo ni infierno capaz de contener la pasión desbordante y la honda intensidad. Se trata de una despreocupación total y absoluta que induce a olvidarse de todo. Una vorágine corporal en la que no existe nada más allá de ese instante. No hay nada más importante que vivir ese momento, permitir que el cuerpo haga de las suyas y la mente se deje llevar por el baile desbocado.

Ha terminado la canción y me he acercado rápidamente al ordenador para buscar otra que mantuviese el nivel de intensidad y motivación. Una que no hiciese disminuir tal éxtasis y me permitiese seguir con el baile libertario. Llevaba ya unos quince minutos así y mi enajenación empezaba a ser ciertamente alarmante, cuando he mirado distraídamente a través de la ventana y me he topado con unos ojos fijos en mí. Desde la terraza de enfrente me observaba un chico. He sufrido un “tierra, trágame” muy potente. Estaba recuperando la compostura y a punto de cerrar la ventana y bajar la persiana, cuando he oído que el chico decía algo. Me pedía que siguiese bailando, que no parase por su culpa, porque la felicidad que desprendía era contagiosa y daban ganas de unirse. Los que me conoceréis sabréis que me he sonrojado y casi muero de vergüenza. Pero no era vergüenza por mis espasmódicos bailes, y tampoco por el piropo. La culpable de mi sonrojo era esa sensación de intromisión externa. Lo que creía secreto y ajeno a cualquier juicio externo, había dejado de serlo.

Somos nada más y nada menos que la forma en la que bailamos, suspiramos, actuamos... cuando no hay nadie delante (o no somos conscientes de que lo hay). Es entonces cuando mostramos el yo más profundo y visceral; el yo más pleno y libre.

Sería absurdo preguntarse por qué no se baila así en las discotecas o los bares (obviando el problema de los gustos musicales, que ese es ya otro cantar). La mayoría de la gente solemos bailar (y vivir, que al fin y al cabo es lo mismo) conteniéndonos. Esa reticencia a mostrarse, a exponerse, ese miedo a ser juzgado… nos tiene atemorizados. Y todos sabemos que no, no hablo de bailar. Hablo de vivir, de sentirse eterno, de “me va la vida” en esto que estoy haciendo.
Asumámoslo, a menudo vivimos perseguidos por el miedo,el cual nos convierte en prisioneros de nosotros mismos. Y sólo aquel que no tiene miedo puede alcanzar la libertad en plenitud y por tanto ser (siempre) uno mismo en estado puro.

5 de enero de 2015

Ups and downs

When you live passionately, you experience all the ups and downs. The thing is: when you are up, you are high above the clouds, and when you are low, you are way down there in the pit of despair. Perhaps a middle ground would be the best. It seems logical, but... is this the way to go? I mean, I know successful people live this way as well, and I have lived like this at certain points in my life (I guess I sometimes get exhausted of that up and down wave). But I have learned a lot living in the wave, I have created many rich experiences and opportunities that others thought did not exist. There is no other way for me to live.