23 de diciembre de 2009

VUELO (inundemos la red de poemas de Miguel Hernández)

Me uno a la brillante iniciativa de ángel-z. Como ya he dicho con anterioridad, este escritor me fascina. Sólo vivió 31 años porque unos malnacidos le llevaron a la tumba. Estoy segura de que se quedó con muchas obras por escribir y mil cosas que contarnos. ¡Qué pena!
In memoriam:

VUELO
Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.
Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.
Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otros como el granizo grave.
Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.
Triste instrumento alegre de vestir: apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.
No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.
Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de batirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.
Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
MIGUEL HERNÁNDEZ
Estaré ausente los próximos días (es una de las cosas que conllevan las navidades, que uno las tiene que pasar en familia).
Sobra decir que os echaré de menos.
Felices fiestas (aunque algunos no celebremos nada). Que las disfrutéis en compañía de vuestros seres queridos y que estén llenas de salud y amor.

Y ante todo, que la felicidad ilumine todos y cada uno de vuestros días.

PD. "Sólo quien ama vuela" Así que ya sabéis. A amar, a ver si así podemos disfrutar de altos vuelos.

19 de diciembre de 2009

Pocas cosas engañan más que los recuerdos

Estoy llenando mi memoria de buenos recuerdos para que me den fuerzas en los momentos de bajón. Las siguientes fotos contribuyen en gran medida a ello. Las hice durante este año en las ciudades de Praga, Salzburgo, Cádiz, Burgos y Madrid.



Praga. Mediados de Abril. Días compartidos en familia. Aprender a entenderla, a disfrutar de su compañía. Cuidar de los primos. Andar y andar y andar... para conocer la ciudad y para pasear el alma. 500 fotos en 5 días.


En Salzburgo, con las amigas flautistas, dimos un par de conciertos. Cuando cierro los ojos y pienso en este viaje me viene a la mente el verde intenso de los campos, los autobuses abarrotados, el compañerismo, la flauta travesera y la alegría con cada llamada recibida.



En esa pequeña cala logré conectar con mi alma. Lo recuerdo a la perfección, como si fuera ayer mismo: el calor de la arena, el frío del agua, el sol en mi espalda, mis trenzas llenas de sal... Y la felicidad. Allí. Enfrente. Al alcance de la mano.



Ese cerezo dañado del abuelo es nuestro símbolo familiar. Cerca de él también viví horas de profundo éxtasis. Y bajo esas puestas de sol, compartí el amor más sincero. Estos recuerdos durante algún tiempo estuvieron asociados a la felicidad. Ahora representan más bién todo lo que tuve y perdí.



Aquí, en la capital, he disfrutado con amigos y amigas. El retiro, Villaverde, un parque, la estación de tren... cualquier lugar es valioso. Lo que realmente importa es la compañía, y la mía ha sido maravillosa.
Quería regalaros algunos de los preciosos instantes que tesoro en mi memoria.
Espero poder añadir el próximo año más a la colección.

15 de diciembre de 2009

Las puertas blancas

Cuando desperté lo primero que vislumbré fueron las luces de neón del techo. A continuación se me emborronó la vista y empecé a ver sombras borrosas de color blanco... blanco y más blanco. Todo a mi alrededor era de ese color. Y por más que intenté enfocar la vista no lo logré. Creo que fue en ese instante cuando me preocupé realmente. Se me llenó el corazón de angustia y me empezó a entrar pánico. Tenía unas ganas terribles de gritar. Pero entonces me acordé de que hacía tan solo unas pocas semanas me había prometido a mí misma controlar la ansiedad y el temor. Y ¿Sabéis lo que hice? Me conté a mí misma una historia, la de una aventura que le ocurrió a una amiga de la familia y que siempre que escucho no puedo parar de reír:
Carla había ido a una entrevista de trabajo. El edificio estaba repleto de despachos y salas de reuniones, todos ellos con puertas grandes y de color blanco, lo que producía la sensación de encontrarse siempre en el mismo lugar por mucho que  se andase. Cuando Carla llegó a la sala que tenía asignada (no sin perderse antes un par de veces), se presentó a la entrevista. Una vez terminada ésta, el directivo con el que había estado hablando se marchó por una de las diversas puertas que había en la habitación, y cuando Carla fue a salir, no sabía por qué puerta tenía que hacerlo. De repente, escuchó unos pasos que se acercaban hacia ella y, pensando en lo estúpida que parecería si el entrevistador la veía todavía allí, abrió la primera puerta blanca que encontró y cerró tras de sí. ¡Menuda sorpresa se llevó al descubrir que se había metido en un ropero! Desde allí Carla escuchó cómo entraban dos personas en la sala donde había estado antes y comenzaban una entrevista. Carla, muerta de vergüenza, decidió esperar a que la entrevista finalizase para salir del armario. La ley de Murphy. Después llegó otra aspirante al puesto y comenzó otra entrevista... Carla, al ver que llevaba 45 min en el ropero y que no tenía la cosa pinta de finalizar pronto, abrió la puerta y, roja como un tomate, salió del armario diciendo. -Perdón, ya me iba.
Os lo imaginaréis. Nunca consiguió el trabajo.
Pues bien. Sola en la habitación de hospital, murmuré esta historia para mí. Logré mi propósito. Reírme. En inglés americano hay un verbo que da nombre a esta risilla tonta, esa que no se puede parar aunque no se sepa el motivo: to snigger. Y claro, tanto snigger aceleró las pulsaciones de mi corazón y la maquinita a la que estaba conectada mi cuerpo empezó a pitar a una velocidad alarmante. Llegó una enfermera y me dijo:
-¡Pero niña! ¿Acaso tienes algún motivo para reírte de esa forma? ¿Qué te hace tanta gracia?
Y justo en ese momento dejó de hacerme gracia todo. Me callé y la enfermera me miró con un deje de lástima en los ojos. Esta vez con voz más dulce me dijo:
-Venga, que ya acabamos. Ahora te vas a casa y descansas. El lunes estarás mejor.
Escuché estas palabras con rabia. Con verdadera rabia me hubiese gustado levantarme de la camilla, abrir la puerta y salir corriendo. Lo hubiese hecho de no ser por los tubos que me rodeaban, y porque el camisón no era precisamente la mejor ropa para salir a la calle. Nunca antes había deseado con tanta fuerza salir de un lugar, alcanzar alguna de las puertas blancas de la habitación. Yo, como Carla, buscaba la salida de aquél lugar La diferencia era que ella había podido elegir puerta aunque se equivocase. Yo no tenia esa opción. Permanecía atada. Sin derecho a intentarlo. Encerrada allí, me sentí chiquitita, muy chiquitita. Se fue la rabia tan repentinamente como había llegado y aparecieron las ganas de desaparecer. Es más, recuerdo que metí la cabeza debajo de la sábana para ver si lograba desaparecerme.
No me gusta que la gente sienta lástima por mí ni que me compadezca. No me gusta que sentirme sola. Y ante todo, no me gusta ignorar qué le pasa a mi cuerpo y a mi mente. Odio que me oculten la verdad.
Debajo de la sábana escuché cómo mi maltrecha alma se volvía a rasgar. Y allí mismo, la remendé. Cuando salí del hospital llevaba una sonrisa en la cara. Una sonrisa pequeña pero sincera.
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"La vida pasa volando, especialmente la parte que vale la pena vivir"

11 de diciembre de 2009

A correr en pos el mundo

Me he acordado de que por aquí causan mucho furor las poesías de Miguel Hernández y al leer esta no me he podido resistir a ponerla aquí.
EL AMOR ASCENDÍA ENTRE NOSOTROS
El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.
El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada.
Fueron pétreos los labios.

El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.

MIGUEL HERNÁNDEZ
La vida sigue su curso. A veces para bien y otras para mal, pero seguir… sigue. Habrá que moldearla como podamos para que se adapte a nosotros y nuestra forma de sentir. Para que al menos, no nos desviemos del camino elegido, aunque este quizás no sea el mejor.

Parece que no acaba la época de las malas noticias. Eso sí, esta vez no me vencen. Ya he visto que el mundo no se para por nada ni para nadie. Asi que no queda otra que correr detrás del mundo. Agitando las manos y gritando, por si acaso se para unos segundos y logramos alcanzarlo.

9 de diciembre de 2009

Un cardiólogo fuera de lo normal

Ricardo está preocupado. Hace tiempo que siente el corazón pequeño y encogido. Hoy, después de dos meses de espera, tiene cita con el cardiólogo de la seguridad social.
Es su turno. Avanza hacia la puerta de la consulta. No quiere reconocer que tiene miedo. Miedo a los resultados de las pruebas que le realizaron. Miedo a salir de esa estancia con malas noticias.
El médico, Don Miguel, parece un hombre serio. Un hombre serio que, sin embargo, no le invita a sentarse en una de las sillas. Se limita a decirle:
-Señor, su caso es tan rápido que no merece la pena que perdamos el tiempo con trivialidades.
-Entonces, doctor. ¿Sabe usted lo que tengo?
-En efecto querido Ricardo. Usted presenta un moderado caso de aflicción.
-Perdone ¿Le he entendido bien? ¿Aflicción?
-Sí. Aflicción. Tristeza moral. Angustia. Pesadumbre... Escucha. Es sencillo ¿Usted cuántas horas al día se dedica a sí mismo?
-Bueno... no muchas, pero normalmente si que tengo un rato para mi.
-Ya. Y... ¿Ese rato lo emplea en reflexionar sobre sus emociones o en ver la tele?
-En realidad procuro descansar. Ya sabe, en el sofá y...
-Lo que imaginaba. Entonces deduzco que si no se conoce a sí mismo tampoco lo hacen su familia ni sus amigos y por consiguiente su relación con ellos no es del todo sincera.
-¡Doctor! Sincera es.
-Usted intenta creer que tiene una vida transparente y sencilla pero amigo, deje de engañarse a sí mismo y empiece a buscar en su interior.
-No coincido con usted. Creo que hay una solución física y racional a todo esto.
-La ultima pregunta Ricardo. ¿Ha puesto alguna vez su corazón al sol?
-¿Qué? No.
-Lo que me temía. Aflicción.
-Bueno... suponiendo que fuese aflicción ¿Cómo se cura?
-Tan fácil como extender el corazón al sol. Que se airee y ventile un poco y luego que se caliente poco a poco. Si hace falta, ponlo a secar por los dos lados.
-Estoy perdido.
-Pues yo creo haber sido claro. Ya no le puedo ayudar más. Ahora le toca a usted amigo. Y por favor, deje la puerta abierta al marcharse. Que tenga un buen día y una feliz vida.
Ricardo sale preocupado de la consulta: extender el corazón, airearlo, calentarlo... y lo más complicado ¿DE DÓNDE NARICES VA A SACAR EL SOL NECESARIO EN PLENO MES DE DICIEMBRE?

Gracias, amigos, por esta segunda bienvenida si cabe más calurosa que la primera.
Los amigos no se escogen, ellos te escogen a ti; o se los rechaza, o se los acepta sin reservas.