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12 de noviembre de 2014

Equipaje intangible

Siempre me pasa, los viajes me transportan a un estado metafísico antes incluso de que haya comenzado el trayecto.
Todo empieza con la maleta. Todo empieza con un "¿qué me llevo?" y un "¿qué necesito?", sucedidos por una pereza mental que me lleva a maldecir lo coñazo que son las cosas materiales y a desear no necesitar nada. Me sobra todo menos el alma. Y es que hay días en los que no entiendo por qué hay que vestirse, calzarse, usar acondicionador o crema (¿por qué tenemos un cuerpo del que cuidar?).
A veces me resulta tan irrelevante lo tangible que me aburre. Es más, creo que cuando se trata de viajar, el equipaje debería ser etéreo, estar formado única y exclusivamente por nuestros mundos intangibles e inteligibles.
En fin, todo esto para decir que odio hacer maletas y que ojalá pudiésemos llenarlas de personas en vez de objetos. En serio, son mucho más necesarias y nos hacen más felices.

16 de abril de 2014

Viajar

Hay 27ºC en la calle. Llego a casa con el cansancio y la sonrisa propios de los días de verano en los que no has hecho más que tumbarte al sol. Pero hoy es diferente, porque no es verano y porque dentro de dos horas salgo de viaje. Debería hacer la maleta, es más, debería estar hecha desde el lunes, pero mi procrastinación es cada día mayor, así que intento ponerme en situación, enciendo el ordenador (necesito escuchar música motivadora) y abro la lista de reproducción que llevo escuchando irrepetida e inagotablemente durante las dos últimas semanas. Pero una vez el ordenador está encendido cualquier excusa es suficiente para desviarme de las obligaciones, así que termino aquí, contando que mi odio por hacer maletas es directamente proporcional a la felicidad que me producen los viajes.

5 de agosto de 2013

Cuando menos te lo esperas (summer days)

Comienza la semana número 12 de mi verano universitario. Comienza también mi semana número 12 trabajando en Inglaterra sin parar. Entre trabajo y trabajo, entre viernes y lunes, o entre la cena y el crepúsculo, estoy teniendo tiempo para conocer gente y lugares maravillosos.
Es verano, pero aquí hay días que no lo parece. Nunca sabes si mañana será un día soleado y cálido o uno húmedo y gris. Nunca sabes con certeza qué nueva ciudad visitarás el fin de semana ni qué gente conocerás esta noche en el centro. No sabes cuantas personas os reuniréis para jugar el partido de baloncesto de los viernes, ni al lado de quién te sentarás en el próximo viaje en tren.
Es fascinante no saber, porque cuando menos te lo esperas, aparece. Aparece un día cálido. Aparece el rincón perfecto en el que sentarse a descansar a la orilla del río. Aparecen maravillosos compañeros de viaje e incluso 5 o 6 amigos de verdad. Aparece un viajero del tren con el que entablas una conversación de dos horas. Apareces en un pub tomando cerveza con decenas de personas que hacía unos días no conocías. Aparece un arco iris doble en mitad de un parque mientras juegas al baloncesto bajo la lluvia.
Cuando menos te lo esperas, aparece. Aparece el día en el que te das cuenta de que estás (física y emocionalmente) justo donde quieres estar.

PD. Feliz verano. (I still believe in summer days, even when it is raining).

31 de mayo de 2013

Adaptaciones

Hoy es mi día número 13 viviendo en el extranjero. La cosa surgió como una aventura y de momento parece que me quedaré aquí hasta finales de verano. He salido apresurada de mi hogar, mi ciudad, mi familia… mi zona de confort, y me he lanzado a vivir y trabajar en un país muy distinto al mío, conviviendo con una familia de costumbres contrapuestas.
Me gusta mucho la juventud porque en esta época somos muy moldeables y adaptables. Bastan tres días para cambiar rutinas y hacer tuyos hábitos que antes no lo eran. Durante la primera semana hubo un día en el que eché en falta a mis amigos, pero desde entonces no siento añoranza. Me estoy acostumbrando incluso a vivir sin el sol madrileño abrasador. Echo un vistazo atrás y no hay nada que quiera añadir a mi equipaje. Tengo más de lo que necesito, y me cabe en dos maletas y en un millón de sueños. Sueños que están empezando a hacerse realidad y que me llevan a comerme el mundo, maravillarme, extasiarme, conocer, aprender, crecer, ser independiente, libre, y... descubrirme plena, dichosa, en soledad
Es muy fácil marcharse cuando no hay nada que te retiene… Resulta extremadamente sencillo alejarse, separarse, desprenderse, olvidar…. Y no echar de menos. Así es, por primera vez en mi vida (y estando más lejos que nunca) no echo de menos a nada ni a nadie. ¿Egoísta? ¿Despegada? ¿Insensible?... ¿O tal vez consciente de que todo y todos somos prescindibles?

19 de diciembre de 2009

Pocas cosas engañan más que los recuerdos

Estoy llenando mi memoria de buenos recuerdos para que me den fuerzas en los momentos de bajón. Las siguientes fotos contribuyen en gran medida a ello. Las hice durante este año en las ciudades de Praga, Salzburgo, Cádiz, Burgos y Madrid.



Praga. Mediados de Abril. Días compartidos en familia. Aprender a entenderla, a disfrutar de su compañía. Cuidar de los primos. Andar y andar y andar... para conocer la ciudad y para pasear el alma. 500 fotos en 5 días.


En Salzburgo, con las amigas flautistas, dimos un par de conciertos. Cuando cierro los ojos y pienso en este viaje me viene a la mente el verde intenso de los campos, los autobuses abarrotados, el compañerismo, la flauta travesera y la alegría con cada llamada recibida.



En esa pequeña cala logré conectar con mi alma. Lo recuerdo a la perfección, como si fuera ayer mismo: el calor de la arena, el frío del agua, el sol en mi espalda, mis trenzas llenas de sal... Y la felicidad. Allí. Enfrente. Al alcance de la mano.



Ese cerezo dañado del abuelo es nuestro símbolo familiar. Cerca de él también viví horas de profundo éxtasis. Y bajo esas puestas de sol, compartí el amor más sincero. Estos recuerdos durante algún tiempo estuvieron asociados a la felicidad. Ahora representan más bién todo lo que tuve y perdí.



Aquí, en la capital, he disfrutado con amigos y amigas. El retiro, Villaverde, un parque, la estación de tren... cualquier lugar es valioso. Lo que realmente importa es la compañía, y la mía ha sido maravillosa.
Quería regalaros algunos de los preciosos instantes que tesoro en mi memoria.
Espero poder añadir el próximo año más a la colección.

17 de septiembre de 2009

Los viajes de la vida


Es increíble cómo alguien puede llegar directo a tu corazón. Y si se alimenta ese amor, esa persona se convierte en una parte de ti. Bien, pues una parte de mí se separó de mi cuerpo y mi mente por circunstancias ajenas a nosotros hace aproximadamente un mes y medio.

Ni decir tiene que no lo he superado. Ni siquiera me he planteado olvidarle. Aún nos necesitamos mutuamente y dudo mucho que dejemos de hacerlo. Pero a lo que iba. La vida me apartó de él y ahora tengo que arreglármelas para sobrevivir día a día.

Voy buscando pedacitos de mi misma por todos los rincones, imaginando algo que me ayude a sobrellevar esto. A veces hay escasos momentos en los que parece que esto no es más que un mero trámite que hay que sufrir, es entonces cuando me engaño a mi misma y creo que hay una salida, pero entonces llegan los momentos de angustia, de desolación, de pérdida... Y no me encuentro a mí misma. Por mucho que busco y busco y busco... NADA... que no hay nada ahí. Sólo soy capaz de encontrar mi vacío interior. Y el problema es que ya no me veo capaz de seguir con esta farsa. Intentar fingir ante los demás es cada día más difícil, y eso que siempre he sido el tipo de chica que se guarda los problemas para llorarlos solita en casa. Sin embargo, ahora... en cualquier momento se me saltan las lágrimas, me olvido de las cosas, no duermo más de cuatro horas al día... ¡Ah! Difícil, difícil... Yo... que creía que no era de amores, que pensaba que estaba a salvo... pues mira qué ironía... Es así cómo la vida te lleva a su antojo y te vapulea hasta dejarte casi sin fuerzas. Pero todo lo bueno y lo bonito que me ha dado tampoco lo puedo olvidar. De ahí el título del post, los viajes de la vida. Porque cuando menos te lo esperas estás en la cima y cuando estás tan tranquilo... caes al pozo.

Pero confío en que ahora llegue el momento de la cima. Mientras tanto escucho música:
When you say nothing at all