Comienza la semana número 12 de mi verano universitario. Comienza
también mi semana número 12 trabajando en Inglaterra sin parar. Entre
trabajo y trabajo, entre viernes y lunes, o entre la cena y el
crepúsculo, estoy teniendo tiempo para conocer gente y lugares
maravillosos.
Es verano, pero aquí hay días que no lo parece. Nunca sabes si mañana
será un día soleado y cálido o uno húmedo y gris. Nunca sabes con
certeza qué nueva ciudad visitarás el fin de semana ni qué gente
conocerás esta noche en el centro. No sabes cuantas personas os
reuniréis para jugar el partido de baloncesto de los viernes, ni al lado
de quién te sentarás en el próximo viaje en tren.
Es fascinante no saber, porque cuando menos te lo esperas, aparece.
Aparece un día cálido. Aparece el rincón perfecto en el que sentarse a
descansar a la orilla del río. Aparecen maravillosos compañeros de viaje
e incluso 5 o 6 amigos de verdad. Aparece un viajero del tren con el
que entablas una conversación de dos horas. Apareces en un pub tomando
cerveza con decenas de personas que hacía unos días no conocías. Aparece
un arco iris doble en mitad de un parque mientras juegas al baloncesto
bajo la lluvia.
Cuando menos te lo esperas, aparece. Aparece el día en el que te das
cuenta de que estás (física y emocionalmente) justo donde quieres estar.
PD. Feliz verano. (I still believe in summer days, even when it is raining).
En septiembre de 2009 encontré en la Comunidad de la Cadena Ser un hogar en el que di rienda suelta a mis desvaríos. Ésta es una recopilación y continuación de aquellos retazos sueltos.
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5 de agosto de 2013
8 de julio de 2013
Correspondencia en forma de carta
He descubierto otra gran pasión... ¡Escribir cartas!
Parece anticuado y cursi, pero... qué poco cuesta un sello en comparación con la alegría o ilusión que puede proporcionar recibir la carta/ postal.
Comprar un buen sobre y un bonito papel, dedicar un tiempo a pensar en una persona y en lo que la quieres decir, escribir a bolígrafo, eligir las palabras (sin poder borrarlas), ir a la oficina de correos, comprar un sello, y finalmente, echar la carta al buzón... Un proceso un poco más elaborado que el wassap, y con algo más de encanto...
Creo que voy a hacer mía esta costumbre inglesa.
Parece anticuado y cursi, pero... qué poco cuesta un sello en comparación con la alegría o ilusión que puede proporcionar recibir la carta/ postal.
Comprar un buen sobre y un bonito papel, dedicar un tiempo a pensar en una persona y en lo que la quieres decir, escribir a bolígrafo, eligir las palabras (sin poder borrarlas), ir a la oficina de correos, comprar un sello, y finalmente, echar la carta al buzón... Un proceso un poco más elaborado que el wassap, y con algo más de encanto...
Creo que voy a hacer mía esta costumbre inglesa.
31 de mayo de 2013
Adaptaciones
Hoy es mi día número 13
viviendo en el extranjero. La cosa surgió como una aventura y de momento
parece que me quedaré aquí hasta finales de verano. He salido
apresurada de mi hogar, mi ciudad, mi familia… mi zona de confort, y me
he lanzado a vivir y trabajar en un país muy distinto al mío,
conviviendo con una familia de costumbres contrapuestas.
Me gusta mucho la
juventud porque en esta época somos muy moldeables y adaptables. Bastan
tres días para cambiar rutinas y hacer tuyos hábitos que antes no lo
eran. Durante la primera semana hubo un
día en el que eché en falta a mis amigos, pero desde entonces no siento
añoranza. Me estoy acostumbrando incluso a vivir sin el sol
madrileño abrasador. Echo un vistazo atrás y no hay nada que quiera
añadir a mi equipaje. Tengo más de lo que necesito, y me cabe en dos
maletas y en un millón de sueños. Sueños que están empezando a hacerse
realidad y que me llevan a comerme el mundo, maravillarme, extasiarme,
conocer, aprender, crecer, ser independiente, libre, y... descubrirme
plena, dichosa, en soledad
Es muy fácil marcharse
cuando no hay nada que te retiene… Resulta extremadamente sencillo
alejarse, separarse, desprenderse, olvidar…. Y no echar de menos. Así
es, por primera vez en mi vida (y estando más lejos que nunca) no echo
de menos a nada ni a nadie. ¿Egoísta? ¿Despegada? ¿Insensible?... ¿O tal
vez consciente de que todo y todos somos prescindibles?
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