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5 de agosto de 2013

Cuando menos te lo esperas (summer days)

Comienza la semana número 12 de mi verano universitario. Comienza también mi semana número 12 trabajando en Inglaterra sin parar. Entre trabajo y trabajo, entre viernes y lunes, o entre la cena y el crepúsculo, estoy teniendo tiempo para conocer gente y lugares maravillosos.
Es verano, pero aquí hay días que no lo parece. Nunca sabes si mañana será un día soleado y cálido o uno húmedo y gris. Nunca sabes con certeza qué nueva ciudad visitarás el fin de semana ni qué gente conocerás esta noche en el centro. No sabes cuantas personas os reuniréis para jugar el partido de baloncesto de los viernes, ni al lado de quién te sentarás en el próximo viaje en tren.
Es fascinante no saber, porque cuando menos te lo esperas, aparece. Aparece un día cálido. Aparece el rincón perfecto en el que sentarse a descansar a la orilla del río. Aparecen maravillosos compañeros de viaje e incluso 5 o 6 amigos de verdad. Aparece un viajero del tren con el que entablas una conversación de dos horas. Apareces en un pub tomando cerveza con decenas de personas que hacía unos días no conocías. Aparece un arco iris doble en mitad de un parque mientras juegas al baloncesto bajo la lluvia.
Cuando menos te lo esperas, aparece. Aparece el día en el que te das cuenta de que estás (física y emocionalmente) justo donde quieres estar.

PD. Feliz verano. (I still believe in summer days, even when it is raining).

8 de julio de 2013

Correspondencia en forma de carta

He descubierto otra gran pasión... ¡Escribir cartas!
Parece anticuado y cursi, pero... qué poco cuesta un sello en comparación con la alegría o ilusión que puede proporcionar recibir la carta/ postal.
Comprar un buen sobre y un bonito papel, dedicar un tiempo a pensar en una persona y en lo que la quieres decir, escribir a bolígrafo, eligir las palabras (sin poder borrarlas), ir a la oficina de correos, comprar un sello, y finalmente, echar la carta al buzón... Un proceso un poco más elaborado que el wassap, y con algo más de encanto...
Creo que voy a hacer mía esta costumbre inglesa.

31 de mayo de 2013

Adaptaciones

Hoy es mi día número 13 viviendo en el extranjero. La cosa surgió como una aventura y de momento parece que me quedaré aquí hasta finales de verano. He salido apresurada de mi hogar, mi ciudad, mi familia… mi zona de confort, y me he lanzado a vivir y trabajar en un país muy distinto al mío, conviviendo con una familia de costumbres contrapuestas.
Me gusta mucho la juventud porque en esta época somos muy moldeables y adaptables. Bastan tres días para cambiar rutinas y hacer tuyos hábitos que antes no lo eran. Durante la primera semana hubo un día en el que eché en falta a mis amigos, pero desde entonces no siento añoranza. Me estoy acostumbrando incluso a vivir sin el sol madrileño abrasador. Echo un vistazo atrás y no hay nada que quiera añadir a mi equipaje. Tengo más de lo que necesito, y me cabe en dos maletas y en un millón de sueños. Sueños que están empezando a hacerse realidad y que me llevan a comerme el mundo, maravillarme, extasiarme, conocer, aprender, crecer, ser independiente, libre, y... descubrirme plena, dichosa, en soledad
Es muy fácil marcharse cuando no hay nada que te retiene… Resulta extremadamente sencillo alejarse, separarse, desprenderse, olvidar…. Y no echar de menos. Así es, por primera vez en mi vida (y estando más lejos que nunca) no echo de menos a nada ni a nadie. ¿Egoísta? ¿Despegada? ¿Insensible?... ¿O tal vez consciente de que todo y todos somos prescindibles?