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11 de junio de 2015

Nostalgia que fue felicidad

Para quien no lo sepa, Facebook  tiene ahora una nueva opción consistente en "memories to look back on today", rememorando eventos, imágenes, comentarios... de años pasados. No es extraño que esta revisión de recuerdos nos provoque nostalgia.
El otro día, casualmente, estuve hablando sobre la nostalgia con una persona que acababa de conocer pero que parecía conocerme de toda la vida, y compartió conmigo una frase de Tamaro que yo ya había olvidado: "No comprende que, para ponerse en camino, es necesario tener nostalgia de algo."
La nostalgia indica que hemos vivido y disfrutado, significa que hay algo que se echa de menos porque una vez hubo algo lo suficientemente bueno como para ocupar un espacio.
Tal y como el gran Sabina canta: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió". Esa es la única nostalgia que hay que evitar, la de lo no vivido. La otra, la de lo vivido, ha de perdurar, pues procede de los momentos felices.
Habrá quien no lo entienda, pero yo quiero (e intento) vivir cada instante de tal manera que su recuerdo me produzca nostalgia.

10 de octubre de 2009

El abuelo. (Día mundia de la salud mental)



La ansiedad, el estrés y la depresión son enfermedades mentales aunque muchas veces no pensemos en ellas como tales. Estoy segura de que todos hemos vivido (algunos de cerca y otros en la distancia) las consecuencias fatales que se producen si dejamos que estas y muchas otras enfermedades mentales nos ganen la partida. Por eso mi deseo de hoy es que todos los enfermos que a muchos ojos son invisibles, se vuelvan visibles para la sociedad.
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Su abuelo siempre había sido un hombre con carácter. En cierto modo retraído. Le gustaba ir a su aire. En eso se parecía mucho a su nieta.

Primer recuerdo: Ella es bien chiquitita, apenas 4 años y lleva un vestidito de color amarillo. Están los dos en la huerta. La niña intenta ayudar a su abuelo en todo lo que puede. Se entienden a la perfección. Él la mira y ella comprende al instante que el abuelo necesita un cubo. Va a por él.

Segundo recuerdo: Ella tiene 10 años. Él 80. Sentados los dos solos frente a la televisión apagada mientras los demás toman el café en la cocina. Él finge dormir pero sus párpados se abren con frecuencia. Mira a la niña. Ella ya es mayor y se da cuenta. Levanta los ojos del libro y le devuelve la mirada. No necesitan palabras. Repetirán durante años este ritual. Todos los domingos que ella vaya a visitarle.

Tercer recuerdo: Cocina del abuelo. La familia discute. El abuelo ya no parece tan fuerte. Coge la mano de la chavala y la susurra al oído "Estos adultos no disfrutan de la vida. De mayor si quieres ser feliz, no se te ocurra imitarles".

Cuarto recuerdo: Una habitación de hospital. Él tiene 84 años. Aprieta con firmeza las manos que la adolescente le tiende. A él le cuesta respirar y pareciera que se le escapa la vida. Pero es fuerte.

Quinto recuerdo: Ha pasado un año. El cuerpo del abuelo se ha recuperado, su cerebro no tanto. Ella acaba de llegar al pueblo.
–Tesoro mío. (Ya son 15 años, los mismos que tiene ella, en los que el abuelo la saluda siempre así).
Caminan los dos despacito. Él habla de cuando compró aquella mula. Ella escucha como si le fuera la vida en ello. Él vuelve a contar la misma historia. En esta ocasión, otra versión.
–Solete (sus palabras de despedida), Solete, que tengas un buen viaje.

Último recuerdo: Es verano, la vecina ha ido a casa de los abuelos, en el pueblo, a visitarles. El abuelo no es el mismo, grita sin parar. Hace meses que sus palabras son inconexas. La vecina se asusta. La joven le da una palmadita en la espalda a su abuelo para que se tranquilice. No se atreve a más. Él ya no la reconoce y se altera.

La enfermedad mental va venciendo al abuelo. 86 años. Demencia senil. Quizás Alzheimer. No sabe quiénes son sus nietos ni sus hijos. A veces no sabe ni quién es él.
No guarda ninguno de los recuerdos que Laura atesora con tanto cariño y escribe en este mismo momento para no olvidarlos nunca. Pase lo que pase.
Pero el abuelo los ha olvidado todos, para siempre. Tan orgulloso... Ella sabe que para él es una deshonra perder sus facultades intelectuales. Las veces que él se da cuenta de ello, la angustia le envenena el corazón. Sufre él, sufre la abuela, sufre la familia, sufre Laura. Lo ve injusto. Con lo que se ha sacrificado el abuelo en la vida, acabar así...
Y sin embargo, a pesar de todo, él la sigue diciendo:
–Tesoro mío, ven, que te cuento la historia de las mulas...

Luna. Estrellas. Campo. Pueblo: ABUELO
Ella asocia términos con recuerdos, pero en realidad sabe que todas las palabras le pueden conducir hasta él.

Azúl. Sí, azúl. Como sus ojos.


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Que los invisibles se tornen visibles.

26 de septiembre de 2009

Huir de la realidad



Ayer fue una tarde extraña. Me hizo darme cuenta de que realmente no estoy viviendo. Como mucho sobrevivo. La verdad es que no me lo planteo demasiado. Hago lo que se supone que tengo que hacer (tareas del hogar, estudios, actividades…) y punto. Pero ha llegado un momento en el que hasta entablo conversaciones mecánicamente, me intereso por los que me rodean porque sé que es lo que debo hacer. Y sin embargo no siento nada de todo eso. Definitivamente, lo que yo hago no es vivir, es encerrarme en mi propio mundo y actuar como se supone que debo hacerlo es huir de la cruda realidad.
Huyo de mí misma y de mis emociones. M e permito pensar sobre mis sentimientos muy pocas veces y durante pequeños ratos, intentando siempre que haya gente alrededor para no llegar nunca a un punto extenuante de dolor.
Así he aprendido a sobrevivir de manera inerte y eso me entristece mucho.
También sé que huyo de los recuerdos relacionados con él, de todos los momentos que pasamos juntos. Esta huida es la más difícil de sobrellevar puesto que cuando te prohíbes recordar pero a la vez estás aterrorizada por el olvido no hay forma humana de aguantar. Él siempre está presente: a veces en lo más recóndito de mi ser y otras en la superficie, pero siempre, el 100% de mi tiempo. Y como evito el pasado y el futuro, solo me queda el presente, que está impregnado justamente de los otros dos tiempos que quiero abandonar. Por eso me encantaría crear un instante alternativo en el que pudiese vivir por mí misma.
No tengo memoria de nada bueno ni agradable que me haya pasado. Todo esto ha borrado mi tiempo anterior de tal manera que lo único que me viene a la mente son desgracias. Curioso cómo en unos días se puede perder todo lo que eras y cómo la soledad te abre los ojos diciéndote que no te queda nada. Absolutamente nada.

DOWNTOWN- PETULA CLARK