A veces se nos olvida, pero al final todo se reduce a que los peques y
los mayores pasemos un muy buen día en el cole: aprendiendo,
socializando, creciendo como personas, riendo... Y para todo ello hay
que empezar el día con una sonrisa y procurar acabarlo con otra más
grande aún; contentos y felices por lo que hemos vivido y hecho hoy.
En septiembre de 2009 encontré en la Comunidad de la Cadena Ser un hogar en el que di rienda suelta a mis desvaríos. Ésta es una recopilación y continuación de aquellos retazos sueltos.
13 de septiembre de 2016
7 de enero de 2016
Niños por un día
En casa todavía ponemos adornos navideños, postales (hubo dos décadas
en las que hasta las escribíamos y mandábamos nosotros. ¡Qué tiempos!),
belén, y árbol. También colgamos un adorno en la puerta.
La
noche de Reyes colocamos los zapatos (los mejores, más nuevos, y más
limpios) debajo del árbol. Encendemos las luces navideñas y llenamos una
bandeja de mazapán, turrón, pasas.... y tres vasitos con algo de beber
para los Reyes.
Nos vamos a dormir relativamente pronto, y por la noche cada uno se escabulle para hacer de Reyes, de modo que a la mañana siguiente, hay una multitud de regalos (normalmente detallitos o cosas prácticas) que ocupa medio salón (y eso que tenemos un salón emorme).
A eso de las diez siempre estamos todos desayunando roscón en la cocina. Mis hermanos suelen meter prisa a mis padres para que terminen de una vez, porque les gana la impaciencia por reunirnos a todos en el salón y así poder comenzar con el ritual.
Hacemos turnos (a veces por orden de edad, otras por orden de ilusión) y vamos abriendo, de uno en uno, los regalitos. Permanecemos todos expectantes mientras el dueño del nuevo regalo lo desenvuelve, lo admira (o lo mira con un poco de aprensión; pues no siempre acertamos), y disfrutamos del placer de regalar. Muchas veces produce más ilusión que abran un regalo tuyo que recibir tú uno.
La principal norma es no desenvolver el siguiente regalo hasta que la persona anterior ha terminado de abrir y contemplar el suyo. Y así, en familia, entre risas, bromas, y a veces algún que otro enfado, dedicamos la mañana entera.
Solemos emplear una hora en abrir los regalos, y otra más en probarlos, trastear con ellos, ojear los de los demás...
A continuación, mi padre suele poner algún vinilo en el tocadiscos y mis hermanos y yo intentamos adivinar de qué cantante o grupo (siempre de la década de los 80, eso sí) se trata.
Después llegan las pelis, los juegos de mesa, y las gamberradas... Pero eso da para otro relato.
Nos vamos a dormir relativamente pronto, y por la noche cada uno se escabulle para hacer de Reyes, de modo que a la mañana siguiente, hay una multitud de regalos (normalmente detallitos o cosas prácticas) que ocupa medio salón (y eso que tenemos un salón emorme).
A eso de las diez siempre estamos todos desayunando roscón en la cocina. Mis hermanos suelen meter prisa a mis padres para que terminen de una vez, porque les gana la impaciencia por reunirnos a todos en el salón y así poder comenzar con el ritual.
Hacemos turnos (a veces por orden de edad, otras por orden de ilusión) y vamos abriendo, de uno en uno, los regalitos. Permanecemos todos expectantes mientras el dueño del nuevo regalo lo desenvuelve, lo admira (o lo mira con un poco de aprensión; pues no siempre acertamos), y disfrutamos del placer de regalar. Muchas veces produce más ilusión que abran un regalo tuyo que recibir tú uno.
La principal norma es no desenvolver el siguiente regalo hasta que la persona anterior ha terminado de abrir y contemplar el suyo. Y así, en familia, entre risas, bromas, y a veces algún que otro enfado, dedicamos la mañana entera.
Solemos emplear una hora en abrir los regalos, y otra más en probarlos, trastear con ellos, ojear los de los demás...
A continuación, mi padre suele poner algún vinilo en el tocadiscos y mis hermanos y yo intentamos adivinar de qué cantante o grupo (siempre de la década de los 80, eso sí) se trata.
Después llegan las pelis, los juegos de mesa, y las gamberradas... Pero eso da para otro relato.
La cuestión es que no sé qué es lo que tiene este día, pero algo de
mágico sí hay, pues en casa solemos mostrarnos todos algo más
comprensivos y tolerantes. Como si no importase nada más que el aquí y
el ahora, y nuestra principal misión fuese sonreir, ser felices, y
disfrutar en familia.
Ya véis, por un día somos niños sin necesidad de ocultarlo (y eso que los cinco miembros de la familia estamos ya creciditos...). Visto desde fuera puede resultar hasta ridículo, pero os prometo que los Reyes Magos vienen a mi casa todas las noches del 5 de enero
(Desde bien pequeña he oído a mi abuela hablar de "el calor del hogar". Creo que voy entendiéndolo.)
Ya véis, por un día somos niños sin necesidad de ocultarlo (y eso que los cinco miembros de la familia estamos ya creciditos...). Visto desde fuera puede resultar hasta ridículo, pero os prometo que los Reyes Magos vienen a mi casa todas las noches del 5 de enero
(Desde bien pequeña he oído a mi abuela hablar de "el calor del hogar". Creo que voy entendiéndolo.)
24 de octubre de 2015
Auroras boreales
Quien piense que la ilusión y la avidez por aprender han muerto, debería
ver a niños de 7 años descubriendo las auroras boreales.
Impagables las alegrías y las sonrisas expectantes de quienes quieren descubrir el mundo cada día. Felicidad en las pequeñas-grandes cosas.
Impagables las alegrías y las sonrisas expectantes de quienes quieren descubrir el mundo cada día. Felicidad en las pequeñas-grandes cosas.
11 de junio de 2015
Nostalgia que fue felicidad
Para quien no lo sepa, Facebook tiene ahora una nueva opción consistente en "memories to look back on today", rememorando eventos, imágenes, comentarios... de años pasados. No es extraño que esta revisión de recuerdos nos provoque nostalgia.
El otro día, casualmente, estuve hablando sobre la nostalgia con una
persona que acababa de conocer pero que parecía conocerme de toda la
vida, y compartió conmigo una frase de Tamaro que yo ya había olvidado:
"No comprende que, para ponerse en camino, es necesario tener nostalgia
de algo."
La nostalgia indica que hemos vivido y disfrutado, significa que hay algo que se echa de menos porque una vez hubo algo lo suficientemente bueno como para ocupar un espacio.
Tal y como el gran Sabina canta: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió". Esa es la única nostalgia que hay que evitar, la de lo no vivido. La otra, la de lo vivido, ha de perdurar, pues procede de los momentos felices.
Tal y como el gran Sabina canta: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió". Esa es la única nostalgia que hay que evitar, la de lo no vivido. La otra, la de lo vivido, ha de perdurar, pues procede de los momentos felices.
Habrá quien no lo entienda, pero yo quiero (e intento) vivir cada instante de tal manera que su recuerdo me produzca nostalgia.
2 de junio de 2015
Infancia bajo presión
No sé qué clase de sociedad y educación estamos construyendo para que
una niña de 8 añitos lo pase mal agobiada y estresada por la cantidad de
exámenes que tiene la semana que viene (6 exámenes de los cuales la
mitad son en su segunda lengua, es decir, Inglés). Está preocupada por
sacar muy buenas notas en todas las asiganturas y la presión ha podido
con ella. El problema es que no debería estar sometida a esa presión.
Estoy segura de que conseguirá esas notas (meros números, al fin y al cabo) estupendas que se esperan de ella, pero no es ese el tema. El tema es que estamos creando una sociedad en la que muchos niños viven en una atmósfera asfixiante llena de exigencias donde la motivación intrínseca escasea y la extrínseca es errónea.
Estoy segura de que conseguirá esas notas (meros números, al fin y al cabo) estupendas que se esperan de ella, pero no es ese el tema. El tema es que estamos creando una sociedad en la que muchos niños viven en una atmósfera asfixiante llena de exigencias donde la motivación intrínseca escasea y la extrínseca es errónea.
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