27 de mayo de 2014

Vértigo

Y vuelve, sin avisar, el martilleo en el corazón que anticipa el vértigo y su posterior vacío. Apenas dura unos segundos, pero son suficientes para que reconozcas la sensación que se viene repitiendo en las últimas semanas. Ese anhelo inexplicable, esa necesidad de nada (lo tienes todo y a todos). Entonces, ¿qué es? ¿qué te falta?
Buscas, pero no encuentras una respuesta lógica. La coherencia dice que todo va bien, y sin embargo te sientes incompleta.
De pronto, lo ves. Te ves a ti misma, extranjera y extraña, en otra tierra y otro tiempo (que en realidad no son tan lejanos). Con la melena al viento, saltando sobre un trampolín mientras los aspersores del jardín llueven sobre (y para) ti. Tienes la despreocupación dibujada en el rostro y las manos preparadas para la siguiente voltereta en el aire. En definitiva, te sobran las ganas de echar a volar y la confianza en poder hacerlo. Te ves. (Ojalá te reconocieses).

16 de abril de 2014

Viajar

Hay 27ºC en la calle. Llego a casa con el cansancio y la sonrisa propios de los días de verano en los que no has hecho más que tumbarte al sol. Pero hoy es diferente, porque no es verano y porque dentro de dos horas salgo de viaje. Debería hacer la maleta, es más, debería estar hecha desde el lunes, pero mi procrastinación es cada día mayor, así que intento ponerme en situación, enciendo el ordenador (necesito escuchar música motivadora) y abro la lista de reproducción que llevo escuchando irrepetida e inagotablemente durante las dos últimas semanas. Pero una vez el ordenador está encendido cualquier excusa es suficiente para desviarme de las obligaciones, así que termino aquí, contando que mi odio por hacer maletas es directamente proporcional a la felicidad que me producen los viajes.

Con I de...

A veces necesito imaginar que no todo a mi alrededor es incontrolable e indómito (aunque lo sea), así que me agarro a la vida e intento desentrañarla entre música y palabras.

Inabarcable
Como alcanzar el cielo con los brazos.
Como los grandes gestos y los pequeños momentos.
Como su sonrisa conteniendo la belleza de dos mundos.
Como los precipicios que se saltan con los ojos abiertos y los puños cerrados.
Como la nostalgia de una vida soñada.
Como el mar cuando ahoga sus penas.
Como la incertidumbre de la incógnita.
Como los fuegos fatuos intrínsecos.

Imposible
Como un corazón vacío.
Como un artista sin alma.
Como entregarse sin exponerse al sufrimiento.
Como intentar colorear la vida sin música.
Como negarse a amar.
Como los incendios ignífugos.
Como un futuro eterno.
Como llorar con los ojos cerrados.

Inexorable
Como la salud fugándose por el resquicio de la puerta.
Como la huida de uno mismo.
Como el abrazo de después.
Como el dolor cuando, medio muerto, entierras a los vivos.
Como el desgarro de la indiferencia ajena.
Como el cariño de un abuelo hacia sus nietos.
Como el paso del tiempo.
Como el desgaste que producen las distancias.

Irracional
Como los incendios provocados para repoblar.
Como una herida que no se deja cicatrizar.
Como las ganas de huir cuando más a gusto se está.
Como la soledad a pesar de estar rodeado de gente.
Como llorar de felicidad.
Como las grandes palabras: nunca, siempre, nadie…
Como la fascinación por las puestas de sol.
Como echarle la culpa de los excesos a la luna llena.

Irreverente
Como cerrar el paraguas para mojarse bajo la lluvia.
Como sonreír ante las tinieblas con la intención de deslumbrarlas.
Como la lluvia cuando por fuera golpea el cristal, pero cala por dentro.
Como retar a los charcos saltándolos con manoletinas.
Como las miradas desafiantes que provocan incendios.
Como hacer equilibrios sobre una cuerda que se acaba de destensar.
Como reírse a carcajadas en los lugares y momentos menos oportunos.
Como alzar el mentón ante los reproches y encogerse de hombros ante las exigencias.

Impetuosa
Como las noches de sexo, poesía y mordiscos.
Como las palmas de unas manos extendidas, diciendo: “ven”.
Como el miedo pugnando por salir de su coraza.
Como el amor en estado puro.
Como gritar de alegría.
Como bailar a oscuras y con el pelo suelto.
Como dejarse llevar.
Como besar hasta que se agrieten los labios.

26 de marzo de 2014

Mañanas de domingo

Algunos domingos por la mañana, cuando no tengo prisa y cierro los ojos más de la cuenta, los fantasmas hacen de mi casa la suya.
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—Buenos días, solete. —Mi abuelo irrumpe en la habitación y sube la persiana con brío. Con paso torcido pero firme, se acerca a la cama, me destapa y me hace cosquillas en los pies—. Venga, dormilona, levántate, que Agustina ha preparado chocolate caliente.
Mi risa se torna histérica y sacudo tan fuerte las piernas que temo darle una patada por accidente. Intento alejarme de esas manos de piel tornasolada y áspera que, implacables, torturan las plantas de mis pies. Desde la cocina, junto al olor a chocolate, llegan las voces de mi abuela. —Simón, deja tranquilos a los niños. Mira que te gusta hacerles de rabiar...
Suplico clemencia a mi abuelo y me recuesto dando la espalda a la luz que entra por la ventana, mirando a la pared. —Abuelo, que aquí se está muy bien, déjame un ratito más, anda.
—Bueno, pero toma, tesoro, toma —dice mientras abre una bolsa de Werther's. Le miro con cierta diversión, pues son muchos años los que el abuelo lleva regalando caramelos de café a escondidas y no me ha quedado más remedio que acostumbrarme a su sabor. Esta vez coloca dos caramelos sobre la almohada. Se trata de un ritual con aires de secretismo que hace que la habitación rebose complicidad.

Cuando me quiero dar cuenta ya estoy oyendo los pasos de mi abuelo, cansados y decididos, abandonar la habitación. Es entonces cuando pienso en lo afortunada que soy al contar con este abuelo tan parco en palabras y tan rico en entrega y nobleza de corazón. Me siento orgullosa de haber heredado su terquedad y espíritu de lucha, contenta de ser arisca y fuerte, como él.

Disfruto de saberme tranquila, relajada, a salvo, con todo el día por delante: un desayuno con chocolate, un rato jugando a las cartas en la terraza acristalada, unas aceitunas verdes de aperitivo o, con suerte, unas nueces que el abuelo partirá, un bullicio de gente que entra por la puerta y saluda dando besos que vienen acompañados de frío burgalés, un televisor encendido ante el que algunos se congregan y piden silencio, unas cuantas manos poniendo la mesa (larguísima), unos adultos diciendo al resto que la comida está lista, una sobremesa en familia (bien en la terraza grande, bien en el salón, con el sofá como protagonista estrella), y por último, un paseo al centro de la ciudad (al abrigo del gélido viento).

Desde la cama, todavía perezosa, pienso en el día que se asoma y que se consume demasiado rápido, y antes de que la alegría, la desidia o el cansancio puedan hacer de las suyas, se instala la calma (solo aquí puede llenarme tanto) y surge la certeza de que esto tiene un nombre: hogar.
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Pero los fantasmas se evaporan tan inesperadamente como llegan, y se llevan con ellos esa casa que está a 240 km y en cuyas literas no me acabo de despertar. No queda el olor a chocolate caliente, no aparecen caramelos de café en los bolsillos… ni rastro de aquellas mañanas de domingo que se antojan cada vez más ficticias.
Las cosquillas ya no producen risa porque sólo son imaginarias, las reales hace tiempo que desaparecieron.

2 de marzo de 2014

Clara Campoamor

El nivel de compromiso, entrega y lucha de Clara Campoamor es envidiable. Fue una señora diputada de los pies a la cabeza (ya nos gustaría ahora tener más políticos así). Se dejó la piel y el alma reivindicando los derechos de la mujer, aunque pudiesen llegar a resultar perjudiciales para "su" partido. No le importó arriesgar votos y hasta su propio escaño (que perdió tras las elecciones de 1933) con tal de hacer justicia y lograr igualdad. Tuvo que hacer frente a un ataque encarnizado (plagado de traiciones, engaños y abandonos) por parte de todos los detractores del voto femenino, pero gracias a su lucha y conquista, en 1977, en las primeras elecciones democráticas, nadie se planteó que las mujeres no pudiesen votar.
Es muy recomendable (además de emotiva) la película que se hizo sobre su lucha por el sufragio universal:
http://www.rtve.es/…/clara-campoamor-mujer-olvidada/1041185/
"República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos"
Clara Campoamor