Y vuelve, sin avisar, el martilleo en el corazón que anticipa el vértigo
y su posterior vacío. Apenas dura unos segundos, pero son suficientes
para que reconozcas la sensación que se viene repitiendo en las últimas
semanas. Ese anhelo inexplicable, esa necesidad de nada (lo tienes todo y
a todos). Entonces, ¿qué es? ¿qué te falta?
Buscas, pero no encuentras una respuesta lógica. La coherencia dice que todo va bien, y sin embargo te sientes incompleta.
De pronto, lo ves. Te ves
a ti misma, extranjera y extraña, en otra tierra y otro tiempo (que en
realidad no son tan lejanos). Con la melena al viento, saltando sobre un
trampolín mientras los aspersores del jardín llueven sobre (y para) ti.
Tienes la despreocupación dibujada en el rostro y las manos preparadas
para la siguiente voltereta en el aire. En definitiva, te sobran las
ganas de echar a volar y la confianza en poder hacerlo. Te ves. (Ojalá
te reconocieses).
En septiembre de 2009 encontré en la Comunidad de la Cadena Ser un hogar en el que di rienda suelta a mis desvaríos. Ésta es una recopilación y continuación de aquellos retazos sueltos.
27 de mayo de 2014
16 de abril de 2014
Viajar
Hay 27ºC en la calle. Llego a casa con el cansancio y la sonrisa propios
de los días de verano en los que no has hecho más que tumbarte al sol.
Pero hoy es diferente, porque no es verano y porque dentro de dos horas
salgo de viaje. Debería hacer la maleta, es más, debería estar hecha
desde el lunes, pero mi procrastinación es cada día mayor, así que
intento ponerme en situación, enciendo el ordenador (necesito escuchar
música motivadora) y abro la lista de reproducción que llevo escuchando
irrepetida e inagotablemente durante las dos últimas semanas. Pero una
vez el ordenador está encendido cualquier excusa es suficiente para
desviarme de las obligaciones, así que termino aquí, contando que mi
odio por hacer maletas es directamente proporcional a la felicidad que
me producen los viajes.
Con I de...
A veces necesito imaginar que no todo a mi alrededor es incontrolable e indómito (aunque lo sea), así que me agarro a la vida e intento desentrañarla entre música y palabras.
Inabarcable
Como alcanzar el cielo con los brazos.
Como los grandes gestos y los pequeños momentos.
Como su sonrisa conteniendo la belleza de dos mundos.
Como los precipicios que se saltan con los ojos abiertos y los puños cerrados.
Como la nostalgia de una vida soñada.
Como el mar cuando ahoga sus penas.
Como la incertidumbre de la incógnita.
Como los fuegos fatuos intrínsecos.
Imposible
Como un corazón vacío.
Como un artista sin alma.
Como entregarse sin exponerse al sufrimiento.
Como intentar colorear la vida sin música.
Como negarse a amar.
Como los incendios ignífugos.
Como un futuro eterno.
Como llorar con los ojos cerrados.
Inexorable
Como la salud fugándose por el resquicio de la puerta.
Como la huida de uno mismo.
Como el abrazo de después.
Como el dolor cuando, medio muerto, entierras a los vivos.
Como el desgarro de la indiferencia ajena.
Como el cariño de un abuelo hacia sus nietos.
Como el paso del tiempo.
Como el desgaste que producen las distancias.
Irracional
Como los incendios provocados para repoblar.
Como una herida que no se deja cicatrizar.
Como las ganas de huir cuando más a gusto se está.
Como la soledad a pesar de estar rodeado de gente.
Como llorar de felicidad.
Como las grandes palabras: nunca, siempre, nadie…
Como la fascinación por las puestas de sol.
Como echarle la culpa de los excesos a la luna llena.
Irreverente
Como cerrar el paraguas para mojarse bajo la lluvia.
Como sonreír ante las tinieblas con la intención de deslumbrarlas.
Como la lluvia cuando por fuera golpea el cristal, pero cala por dentro.
Como retar a los charcos saltándolos con manoletinas.
Como las miradas desafiantes que provocan incendios.
Como hacer equilibrios sobre una cuerda que se acaba de destensar.
Como reírse a carcajadas en los lugares y momentos menos oportunos.
Como alzar el mentón ante los reproches y encogerse de hombros ante las exigencias.
Impetuosa
Como las noches de sexo, poesía y mordiscos.
Como las palmas de unas manos extendidas, diciendo: “ven”.
Como el miedo pugnando por salir de su coraza.
Como el amor en estado puro.
Como gritar de alegría.
Como bailar a oscuras y con el pelo suelto.
Como dejarse llevar.
Como besar hasta que se agrieten los labios.
Inabarcable
Como alcanzar el cielo con los brazos.
Como los grandes gestos y los pequeños momentos.
Como su sonrisa conteniendo la belleza de dos mundos.
Como los precipicios que se saltan con los ojos abiertos y los puños cerrados.
Como la nostalgia de una vida soñada.
Como el mar cuando ahoga sus penas.
Como la incertidumbre de la incógnita.
Como los fuegos fatuos intrínsecos.
Imposible
Como un corazón vacío.
Como un artista sin alma.
Como entregarse sin exponerse al sufrimiento.
Como intentar colorear la vida sin música.
Como negarse a amar.
Como los incendios ignífugos.
Como un futuro eterno.
Como llorar con los ojos cerrados.
Inexorable
Como la salud fugándose por el resquicio de la puerta.
Como la huida de uno mismo.
Como el abrazo de después.
Como el dolor cuando, medio muerto, entierras a los vivos.
Como el desgarro de la indiferencia ajena.
Como el cariño de un abuelo hacia sus nietos.
Como el paso del tiempo.
Como el desgaste que producen las distancias.
Irracional
Como los incendios provocados para repoblar.
Como una herida que no se deja cicatrizar.
Como las ganas de huir cuando más a gusto se está.
Como la soledad a pesar de estar rodeado de gente.
Como llorar de felicidad.
Como las grandes palabras: nunca, siempre, nadie…
Como la fascinación por las puestas de sol.
Como echarle la culpa de los excesos a la luna llena.
Irreverente
Como cerrar el paraguas para mojarse bajo la lluvia.
Como sonreír ante las tinieblas con la intención de deslumbrarlas.
Como la lluvia cuando por fuera golpea el cristal, pero cala por dentro.
Como retar a los charcos saltándolos con manoletinas.
Como las miradas desafiantes que provocan incendios.
Como hacer equilibrios sobre una cuerda que se acaba de destensar.
Como reírse a carcajadas en los lugares y momentos menos oportunos.
Como alzar el mentón ante los reproches y encogerse de hombros ante las exigencias.
Impetuosa
Como las noches de sexo, poesía y mordiscos.
Como las palmas de unas manos extendidas, diciendo: “ven”.
Como el miedo pugnando por salir de su coraza.
Como el amor en estado puro.
Como gritar de alegría.
Como bailar a oscuras y con el pelo suelto.
Como dejarse llevar.
Como besar hasta que se agrieten los labios.
26 de marzo de 2014
Mañanas de domingo
Algunos
domingos por la mañana, cuando no tengo prisa y cierro los ojos más de
la cuenta, los fantasmas hacen de mi casa la suya.
---
—Buenos
días, solete. —Mi abuelo irrumpe en la habitación y sube la persiana
con brío. Con paso torcido pero firme, se acerca a la cama, me destapa y
me hace cosquillas en los pies—. Venga, dormilona, levántate, que
Agustina ha preparado chocolate caliente.
Mi
risa se torna histérica y sacudo tan fuerte las piernas que temo darle
una patada por accidente. Intento alejarme de esas manos de piel
tornasolada y áspera que, implacables, torturan las plantas de mis pies.
Desde la cocina, junto al olor a chocolate, llegan las voces de mi
abuela. —Simón, deja tranquilos a los niños. Mira que te gusta hacerles
de rabiar...
Suplico
clemencia a mi abuelo y me recuesto dando la espalda a la luz que entra
por la ventana, mirando a la pared. —Abuelo, que aquí se está muy bien,
déjame un ratito más, anda.
—Bueno,
pero toma, tesoro, toma —dice mientras abre una bolsa de Werther's. Le
miro con cierta diversión, pues son muchos años los que el abuelo lleva
regalando caramelos de café a escondidas y no me ha quedado más remedio
que acostumbrarme a su sabor. Esta vez coloca dos caramelos sobre la
almohada. Se trata de un ritual con aires de secretismo que hace que la
habitación rebose complicidad.
Cuando
me quiero dar cuenta ya estoy oyendo los pasos de mi abuelo, cansados y
decididos, abandonar la habitación. Es entonces cuando pienso en lo
afortunada que soy al contar con este abuelo tan parco en palabras y tan
rico en entrega y nobleza de corazón. Me siento orgullosa de haber
heredado su terquedad y espíritu de lucha, contenta de ser arisca y
fuerte, como él.
Disfruto
de saberme tranquila, relajada, a salvo, con todo el día por delante:
un desayuno con chocolate, un rato jugando a las cartas en la terraza
acristalada, unas aceitunas verdes de aperitivo o, con suerte, unas
nueces que el abuelo partirá, un bullicio de gente que entra por la
puerta y saluda dando besos que vienen acompañados de frío burgalés, un
televisor encendido ante el que algunos se congregan y piden silencio,
unas cuantas manos poniendo la mesa (larguísima), unos adultos diciendo
al resto que la comida está lista, una sobremesa en familia (bien en la
terraza grande, bien en el salón, con el sofá como protagonista
estrella), y por último, un paseo al centro de la ciudad (al abrigo del
gélido viento).
Desde
la cama, todavía perezosa, pienso en el día que se asoma y que se
consume demasiado rápido, y antes de que la alegría, la desidia o el
cansancio puedan hacer de las suyas, se instala la calma (solo aquí
puede llenarme tanto) y surge la certeza de que esto tiene un nombre:
hogar.
---
Pero
los fantasmas se evaporan tan inesperadamente como llegan, y se llevan
con ellos esa casa que está a 240 km y en cuyas literas no me acabo de
despertar. No queda el olor a chocolate caliente, no aparecen caramelos de café en los bolsillos… ni rastro de aquellas mañanas de domingo que se antojan cada vez más ficticias.
Las cosquillas ya no producen risa porque sólo son imaginarias, las reales hace tiempo que desaparecieron.
2 de marzo de 2014
Clara Campoamor
El nivel de compromiso, entrega y lucha de Clara Campoamor es
envidiable. Fue una señora diputada de los pies a la cabeza (ya nos
gustaría ahora tener más políticos así). Se dejó la piel y el alma
reivindicando los derechos de la mujer, aunque pudiesen llegar a
resultar perjudiciales para "su" partido. No le importó arriesgar votos y
hasta su propio escaño (que perdió tras las elecciones de 1933) con tal
de hacer justicia y lograr igualdad. Tuvo que hacer frente a un ataque encarnizado
(plagado de traiciones, engaños y abandonos) por parte de todos los
detractores del voto femenino, pero gracias a su lucha y conquista, en
1977, en las primeras elecciones democráticas, nadie se planteó que las
mujeres no pudiesen votar.
Es muy recomendable (además de emotiva) la película que se hizo sobre su lucha por el sufragio universal:
http://www.rtve.es/…/clara-campoamor-mujer-olvidada/1041185/
"República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos"
Clara Campoamor
http://www.rtve.es/…/clara-campoamor-mujer-olvidada/1041185/
"República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos"
Clara Campoamor
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